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Escritos, pensamiento y poemas,  de Mario Sironi

Jueves, 21 de diciembre de 2017, 19.00h La Central del Museo Reina Sofía
Intervienen Carlos García-Alix, José Luis Gallero y Lucía de las Casas Flórez.

Presenta: Juan García Millán

“Es quizás el más grande artista del momento, y no os estáis dando cuenta”, declaraba Picasso sobre Sironi en 1959, tal como atestigua Elena Pontiggia en el epílogo a la presente edición. Por su parte, Carlos García-Alix escribe en el prólogo: “La publicación de los escritos y pensamientos de Mario Sironi, por vez primera en nuestra lengua, es un acontecimiento que viene a reparar una cierta injusticia. En las últimas décadas la nómina de pintores italianos de la vanguardia que han visto sus escritos publicados en España ha ido creciendo de forma paulatina. Hablamos de artistas que desarrollaron su trabajo pictórico en la primera mitad del siglo xx, y a la vez, o en paralelo, escribieron manifiestos, memorias, ensayos, poemas o simplemente crearon una obra literaria independiente de su pintura. Sin embargo, uno de los pintores italianos más grandes, con una obra escrita considerable, Mario Sironi, ha permanecido mudo en nuestra lengua”. Protagonista de una vida trágica, Sironi (1885-1961) es un escritor brillante, cuyos textos expresan un ideal estético y espiritual basado en la búsqueda de un equilibrio entre lo viejo y lo nuevo. Tanto en sus textos teóricos como en los que dedica a los maestros antiguos y modernos, realiza una doble defensa de la vanguardia frente a los retrógrados, y de la tradición frente a los oportunistas.
 
Mario Sironi (Sassari, Cerdeña, 1885; Milán, 1961) entabló amistad con Severini, Balla y Boccioni en la Academia de Bellas Artes de Roma. Tras unirse en 1915 al futurismo, figurará en 1922 entre los fundadores del movimiento Novecento. Su talento literario queda patente en proclamas como Contra todos los retornos en pintura (1920) o Manifiesto de la pintura mural (1933). Las dramáticas vicisitudes de su vida pública y privada, que incluye la participación en las dos guerras mundiales y el suicidio de su hija Rossana en 1948, dejaron honda huella en su pintura, recorrida por una extraordinaria tensión constructiva.
 

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