Saltar a: Contenido � | Pie de la página � | Menú principal �


Buscar en el blog:

Andréi Plátonov

Dzhan

19.06.2018
En La palabra arrestada, Shentalinski relata cómo Platónov se convirtió, tras la Revolución, en una de las lecturas habituales de Stalin. Tanto le desagradó, que hizo prohibir sus obras, a pesar de su profunda convicción comunista. Dzhan, que su autor nunca vería publicada, retrata una Rusia terrible, interminable, donde el desapego a la vida es el mejor retrato de un país en búsqueda. Su discurso moral es agotador y enérgico. Pero de una gran profundidad, porque no surge hasta que la esperanza se ha perdido («No tengas miedo, hijo, vamos a morir»). Obra de repetición, por momentos presenta también tintes de ciencia ficción.

Dzhan es el éxodo de un pueblo sin nombre, donde no se atisba felicidad, sino una conciencia despierta que termina por tomarse la supervivencia casi con humor. Desde fuera. Porque en la pérdida de la dignidad, los seres humanos se deshumanizan. O más bien, se humanizan como se humaniza una planta. Con igual patetismo. El espíritu colectivo –y he ahí la razón de su censura– no existe en un presente que es total. No hay pasado, no hay futuro. Solo un interminable ahora. Y ahí surge, inevitable, el individualismo. Sálvese quien pueda. Cuando la miseria es tal, la muerte pasa casi desapercibida. Y aun así, hay esperanza.
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información en nuestra "Política de cookies".

Saltar a: Contenido � | Pie de la página � | Menú principal �