Diario de lectura
Blog de La Central

Notas y reflexiones de nuestros libreros sobre lecturas, reediciones, novedades, proyectos editoriales y otros acontecimientos relacionados con el mundo del libro y las humanidades


  • Elegíacos griegos

    Àngel Martín

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    Es realmente difícil la lectura de un libro que no contiene más que entrecortados restos textuales de significado fragmentario, complejo, a menudo ignoto. Son las pegas y también las virtudes de un larguísimo proceso de transmisión, lleno de obstáculos y vicisitudes, cuya sola descripción precisaría la mayor enciclopedia jamás escrita. Sin embargo una edición como la del profesor Suárez, ínclito helenista, no solo recoge todos los fragmentos de poetas arcaicos escritos en versos elegíacos (excepto el Arquíloco incluido en el anterior y espléndido Yambógrafos griegos), incluso los descubiertos y publicados recientemente, como el Nuevo Simónides o el Nuevo Arquíloco, sino que consigue, partiendo de textos dispersos, un conjunto armonioso y homogéneo que permite captar la brillantez y la grandeza del género en un lapso de dos siglos. Las introducciones parciales y la bibliografía, totalmente actualizada, contribuyen en gran medida a hacer de esta la mejor edición no estrictamente filológica de los elegíacos arcaicos.


  • O les belles, les sublimes ruines!

    Piccolomini

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    Hubo un tiempo en el que los estetas, artistas y literatos celebraban unánimemente la ruina como el más humano de los parajes naturales o el más natural de los legados del hombre. La ruina, ya salvaje, ya amansada, osario del esplendor antiguo, predilección de curiosos, ansia de los males de siglo, gozó de una feliz fortuna artística y literaria. A los que no disponen de tiempo y hacen de la necesidad una virtud supracardinal, pragmática, el libro de Michel Makarius, Ruines. Représentations dans l'art de la Renaissance à nos jours, recientmente reeditado por Flammarion, les parecerá un tesoro de contento.


  • Historias fálicas

    Àngel Martín

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    Leo con cierta indiferencia en un periódico de esta semana que el Jardín Botánico de Berlín acoge una muestra tan rara como efímera de Amorphophallus titanum, cuya altura es de 1'99 metros. Sin embargo, no es necesario ir a Berlín para poder contemplar semejante portento. A menudo se nos escapa la riqueza de nuestro propio patrimonio. En la Real Academia de Ciencias de Barcelona, sita en el número 115 de la Rambla, se encuentra un formidable ejemplar de Phallus impudicus, que supera los dos metros de alto, petrificado mediante un procedimiento hidrolítico. Su descubridor, el ilustre barcelonés Amadeu de Montpalau, lo halló en los alrededores de Pratdip, en la comarca del Baix Camp, durante una famosa expedición anticarlista y lo trajo a la capital del Principado para que fuera objeto de estudio y de admiración. Según una crónica de la época, ya Francesc Castelló de Malla había encontrado uno de dos palmos y medio en Vic un siglo antes (s. XVIII). Por desgracia la precariedad de los medios científicos impidió su conservación. Para una descripción detallada y brillante del hallazgo de Montpalau remitimos al capítulo VI, segunda parte, de la Naturalis Historia, no de Plinio, sino de Perucho. Imprescindible la visita al Templo de las ciencias barcelonesas, el único de raíces verdaderamente ilustradas.