Diario de lectura
Blog de La Central

Notas y reflexiones de nuestros libreros sobre lecturas, reediciones, novedades, proyectos editoriales y otros acontecimientos relacionados con el mundo del libro y las humanidades


  • Forzar.
    David Foster Wallace

    Àlex Cerrudo

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    Cuando Roger Federer se retuerce para preparar su servicio al tiempo que comienza a alzar las punteras de sus zapatillas, un reflejo instintivo le lleva a hacer coincidir la pelota sostenida en una mano con el espacio que salva las cuerdas del mango de la raqueta, en la otra. Es una liturgia memorizada, ingenua, como si la cinética y la técnica templada y los años de preparación física y el revés liftado y la dejada en la red necesitaran hacer hueco a lo otro.


  • Vuelve Talese
    El periodismo hecho a mano

    Álex Cerrudo

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    No quiero aquí a nadie sin chaqueta y corbata, suelta Sinatra, y el gerente del club de Beverly Hills traga saliva como en su vida antes de largar de un portazo a un par de jovenzuelos en botas de piel y pantalones de pana. Nadie le tosía a Sinatra en los sesenta. En una ocasión, enfureció de tal modo al ver su coche sucio que mandó contratar a un equipo especial que viniera en mitad de la noche a darle inmediatamente una mano de pintura. Al rato, cuando llegaron los chicos, Sinatra no recordaba nada de aquello y no sabía qué carajo hacía esa turba de indeseables en su garaje.


  • Pratt y Maltés. Una dualidad indisociable

    Mireia Pérez

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    Nadie duda de que Hugo Pratt es el gran maestro por excelencia de la novela gráfica histórica. Dibujante y narrador virtuoso, influenció prácticamente a la totalidad de los autores de tebeos que venimos leyendo desde los años setenta hasta hace bien poco. ¿Quién no conoce a Corto Maltés? El marino creado por Pratt saltó la barrera de lo meramente tebeístico y se convirtió pronto en un icono romántico, superando con creces la fama del resto de la obra del autor.


  • Miradas hacia el Oriente. Un viaje a través de la lectura

    Elisabeth Massana

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    Oriente ha suscitado una gran fascinación entre escritores y viajeros occidentales casi desde siempre. Tierra de contrastes, espacio geográfico casi indefinido y concepto comodín, su construcción literaria y cultural aún está en perpetua renegociación.


  • Matthew Specktor: American Dream Machine

    Abel Ramón

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    No es fácil. Los consagrados, consagrados están, y algo se habrán ganado a pulso –Auster, Roth, los novelones de Franzen...–. Luego están los que prometían, y de algún modo han seguido prometiendo, como Chabon, Eggers o Lethem. Y de vez en cuando llega algún meteorito sorprendente, de mayor o menor alcance. ¿Pero qué hacer cuando alguien, en su segunda novela, decide meterse de lleno en ese buen lío de larga tradición y lucha implacable llamado Gran Novela Americana? Matthew Specktor. Anoten ese nombre. Es redactor jefe de Los Angeles Review of Books, conoce bien los entresijos de Hollywood y escribe con audacia inusitada.


  • Marcos Ordóñez: Un jardín abandonado por los pájaros

    Abel Ramón

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    Bienvenidos al templo de la memoria.


  • Archivo Bolaño

    Carles Masdeu

    BOLANO

    Que la literatura y la poesía de Roberto Bolaño (1953-2003) tienen una trascendencia que va mucho más allá del valor estrictamente literario, y que aunándose constituyen un manifiesto total en el que tienen cabida propuestas estético-políticas y morales de un posicionamiento vigoroso y radical, es algo indiscutible o lo va sabiendo, poco a poco, todo el mundo. Lo que quizás no sabe todo el mundo y debería saber es que con motivo del décimo aniversario de la muerte del escritor, el CCCB ha inaugurado en Barcelona una primera muestra de su archivo personal -se puede visitar desde el 5 de marzo al 30 de junio de 2013-: una cuidadosa extensión de su archivo familiar -objetos, cuadernos, recortes de periódico, escritos inéditos- además de una avispada puesta en escena por parte del comisariado: Juan Insua y Valerie Miles. La muestra constituye un archivo de rincones poco iluminados, de luces tenues y sonidos que parecen sacados de las alcantarillas o de los tubos de supervivencia del propio escritor: símbolos y más símbolos. Pistas para un policía. Quizás para un amigo. Rastros de intimidad y de cuadernillos con una letra milimétricamente ordenada que reta a la exposición en el siglo XXI. Pero volvamos a la propuesta estético-política del escritor. Justo al inicio del recorrido nos encontramos ya con algunas de sus obsesiones: un material audiovisual que mezcla escenas de la masacre de Tlatelolco, la caída de Allende y <i>El triunfo de la voluntad</i> de Riefenstahl. La violencia, el totalitarismo y la exploración del mal, unidos al maltrato de la historia latinoamericana más reciente preocuparon siempre al escritor chileno, y fueron motivos de peso en <i>Estrella distante</i>, <i>La literatura nazi en América</i> o en <i>2666</i>, y en muchos otros libros más, pues la obra de Bolaño se ramifica constantemente y sus motivos aparecen y desaparecen ahora aquí ahora allá. Importante: el trauma y el rencor hicieron que Bolaño fuese un desvergonzado deseoso de escapar de “la vergüenza psicopatológica de su país” –y de eso encontramos numerosos ejemplos en una recopilación de escritos que editó el crítico Ignacio Echevarría y que se llama <i>Entre paréntesis</i> o en alguna de las entrevistas en formato digital accesibles en este archivo-, el Chile nocturno de <i>Nocturno de Chile</i>, ese pasillo de una geografía esquizofrénica castigado por la dictadura pinochetista y al que Bolaño se refirió como su Infancia. Y no sólo en Chile, sino en Estados Unidos, los lectores sensibles e inteligentes también han sabido captar el mensaje y la denuncia del escritor chileno: “el espectáculo del terror latinoamericano es parte de <i>nuestra</i>locura, y para bien o para mal es uno de los elementos que hacen la obra de Bolaño tan irresistible aquí”, dice Barbara Epler, primera editora del autor en "yankilandia".


  • Kirmen Uribe
    Lo que mueve el mundo

    Abel Ramon

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    «Según Nietzsche, esta fuerza escondida es el poder; Marx cree que es la economía, y Freud opina que es el amor. Y tú, ¿qué opinas? ¿Qué es lo que nos hace vivir? », pregunta Herman a su amigo del alma Robert, hacia el principio del relato.


  • Philippe Descola, Más allá de naturaleza y cultura

    Marta Hereu

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    Ir más allá de naturaleza y cultura significa avanzar un paso en uno de los temas centra­ les del estudio antropológico. Por el objeto de estudio en sí mismo ya se podría afirmar que este libro versa sobre un todo antropoló­ gico, pero la sensación de que la obra abarca este todo se hace más intensa al apercibirnos de que el propio objeto de estudio se utiliza también para analizar los problemas inter­nos de la disciplina antropológica occidental y como herramienta para superarlos.


  • Pablo Martín Sánchez, El anarquista que se llamaba como yo

    Laia Quílez

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    Pablo Martín Sánchez, el anarquista que se llamaba como el autor de El anarquista que se llamaba como yo, fue condenado en 1924 al garrote vil sin saber que algunas décadas después de que se despidiera del mundo y de que el mundo acabara olvidándole, terminaría convirtiéndose en el protagonista de la última novela que ha pasado a engrosar mi no muy demasiado extenso listado de obras 'totales', historias que te voltean, que te atrapan y que te empujan, en definitiva, a no dormir, a no vivir, a no ser para seguir leyendo.


  • Julian Barnes, 'El sentido de un final'

    Jesús Casals

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    Barnes recibió el Man Booker Prize por esta obra que, según el jurado, sintetiza las características de un clásico de la literatura inglesa, por estar exquisitamente escrita y por haber trazado con gran sutileza a sus protagonistas.


  • FrICCIONES, de Pablo Martín

    Laia Quílez

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    Érase una vez un joven nacido hace 34 años en algún lugar cerca de Reus, que se pasó la secundaria tomando apuntes con lápiz mientras coleccionaba todo lo coleccionado y por coleccionar: cajas de cerillas, cubos de rubik, ceniceros, lámparas de noche, libros; que estudió Arte Dramático, Teoría de la Literatura y, de paso, Literatura Comparada; que investigó desde Lille sobre el Oulipo y sobre el hipertexto, mientras soñaba con cuentos que sí había escrito y esbozaba novelas patafísicas y totales; y que un día, no hace mucho, publicó, en la pequeña pero prestigiosa editorial e.d.a., su primer libro, FrICCIONES, un compendio de relatos metaliterarios, polifónicos, autofictivos, laberínticos e hipertextuales que, lo pongo en negrita porque este editor de textos no tiene la opción de subrayado, no tienen desperdicio.


  • Diari personal, 1933

    Joan Flores Constans

    Diari personal, 1933. Paul Léautaud, Editorial Días Contados. Traducción de Imma Falcó. Prólogo de Arcadi Espada. Edición de Edith Silve

    "Maintenant, foutez-moi la paix", espúreas últimas palabras de Paul Léautaud en su lecho de muerte.

    Si lo juzgáramos en términos actuales, podríamos decir sin temor a exagerar que Paul Léautaud, escritor grafómano, crítico ácido y paradigma del egotista según Stendhal, de quien era un rendido admirador, es un "impresentable"; un vistazo a su biografía y a sus obras, sobretodo el monumental Diario Literario (Journal Littéraire, 1954-1966) en 19 volúmenes, basta para hacerse una idea del extremismo del personaje. Como contrapartida, o como complemento, Léautaud confeccionó también un Diario Personal (Journal Particulier, escrito entre 1933 y 1939), cuyo primer período es el que abarca la edición de Días Contados.

    El texto toma la forma de un diario en el que el autor reseña , a veces con un detallismo estremecedor, otras con la distancia del no implicado, los vaivenes de su relación sentimental -aunque, como dice la editora en la brillante introducción, llamarla "relación sentimental" sea un eufemismo- con Marie Dormoy , "M. D." en el texto. Paradigma de la misoginia y de la mala educación, a pesar de, o precisamente debido a que el Diario es obsesiva y monotemáticamente sexual, es imposible calificarlo de documento erótico, ni siquiera pornográfico: si algún adjetivo le es aplicable, ese sería el de sórdido.

    "Si estimar és preferir un altre a si mateix, en el sentit aquest jo mai no he estimat."

    Entre las razones del interés de su lectura, cabe citar la manifestación de la distancia que, en las obras de ficción, pero también en las más personales, interpone el autor entre el narrador y el objeto narrado; es evidente que la determinación de esa distancia es más difícil porque, por principio, en los Diarios el objeto narrado es el propio autor, pero... Efectivamente, si en obras como Otra vuelta de tuerca (Henry James: The Turn of the Screw, 1898), la interposición de narradores representa la distancia máxima, ¿cuál es la distancia mínima? Por lógica, deberían ser los Diarios, pero incluso en este caso existen gradaciones: no es lo mismo Tolstoi que Bloy, ni Valéry que Renard. En este aspecto, Léautaud sería el ejemplo extremo en el que autor, narrador y objeto son una misma cosa.

    Los diarios íntimos son, por propia definición, documentos personales pero, ¿cuál es el grado de intimidad de tales escritos? Si se escriben y no se destruyen, ¿para quién se escriben, quién piensa el autor que debe ser su lector final? Max Brod es tal vez el paradigma de los traidores de testamentos literarios pero, teniendo en cuenta el resultado final de esa traición, ¿de veras debe hacerse caso del "no se imprima" que el propio autor ordena?

    La obscenidad, la inconveniencia, la incorrección y la más despreciable misoginia se dan la mano en este texto inclasificable que, por lo que tiene de insólito, pero también por el retrato que hace del escritor, se convierte en una lectura muy interesante, aunque a menudo haya que leer alguno de sus pasajes tapándose las narices.


  • En la pell de Malaparte

    Marta

     He llegit La piel de Curzio Malaparte amb el recel que suscitar no saberben bé quin terreny estic trepitjant. I m'he trobat el llibre més directasobra la crueltat de la guerra, on es desperta la cara més miserablementhumana. Les vivències més brutal conviuen amb clarianes de gran erudiciópoètica i amb descripcions viscudíssimes de l'entorn, i quin entorn!:Nàpols i el Vesubi, Capri, i una mica de Toscana. Què es pot sentir i quèes pot trobar en un lloc així durant els últims mesos de la Guerra? D'aixòens parla anant més enllà de la correcció aparent i burxant en elsprejudicis establerts.


    La Piel / Curzio Malaparte

     


  • A propósito de Piglia

    Laia Quílez

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    Ricardo Piglia se ha convertido hace tiempo en un nombre de referencia dentro de la narrativa (y también la crítica literaria) contemporánea latinoamericana. Arropado por una vastísima y rica tradición de la que han surgido otras loables escrituras -como la de Juan José Saer, César Aira, Alan Pauls o Martín Kohan, por citar sólo algunas-, Piglia es el artífice de novelas, cuentos y ensayos en los que el terreno de lo real y el de lo ficticio se mezclan en un mar indiscernible de creatividad, reflexión y perspicacia.

    El próximo martes, 7 de septiembre, a las 19.30h en La Central (C/ Mallorca, 237), el profesor y crítico literario Javier Aparicio Maydeu presentará la que de momento es la última novela de Piglia, Blanco nocturno, de nuevo un libro escrito bajo la forma de la crónica en la que reaparece esa especie de alter ego que es Emilio Renzi, el detectivesco y dislocado periodista que nace en La invasión y que se hace popular en Respiración artificial.

    Mañana, más. Sean todos bienvenidos.


  • Popurrí (pos)Sant Jordi

    Laia Quílez

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    Disculpen la amalgama de géneros literarios, editoriales, autores, estilos y temas sobre los que tengo la intención de hablar en estas líneas. Si algo tienen en común los títulos a los que voy a referirme a continuación no es más que el hecho de haberlos comprado y leído las semanas justamente anteriores y posteriores a la gran fiesta del libro que es la diada de Sant Jordi. Y el hecho de que todas ellas han sido, sin lugar a dudas, lecturas ciertamente placenteras.


  • Nada que temer y mucho que disfrutar

    Marta

    Exquisito Barnes. Anagrama en español y Angle en catalán nos ofrecen este tipo de memorias, cultas y sin tópicos, desordenadamente ordenadas, donde con sugerente ironía organiza sus relaciones familiares, eleva la conversación hasta convertirse en intimidad y transforma su afición a la música y a la lectura en un estilo de vida. Y entre Renard, Montaigne, Sibelius, Flaubert y tantos otros transforma un libro en la mesa alrededor de la cual puede hablarse de lo divino y del mortal. Nada que temer sería un modo socarrón de hablar de la muerte con media sonrisa en los labios, pero sólo media…


  • Bajo nivel o el no lugar en la obra de Cortázar

    Laia Quílez

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    La obra de Cortázar podría definirse como un ovillo de infinitas puntas, como una cebolla de incontables capas, como un tablero de inacabables casillas, pero también, porqué no, como un sistema metropolitano de infinitas líneas, cada una de ellas con sus leyes inescrutables y a la vez explicativas y complementarias de los pasadizos restantes de este laberinto subterráneo. Así me gusta concebir gran parte de los relatos de este francés argentino, especialmente los escogidos para esta especie de viaje iniciático. Se trata de Manuscrito hallado en un bolsillo, Cuello de gatito negro y Texto en una libreta, relatos todos ellos que representan explícitamente este complejo sistema de interconexiones y transbordos, al situar gran parte de sus acciones en el submundo metropolitano.

    Evidentemente, Rayuela y 62 Modelo para armar suponen dos grandes puntales para la elaboración de mi recorrido cortaziano por los túneles del "subte". Ambas novelas son, a mi entender, el punto de partida y el final de una concepción de la ciudad y del espacio tan personal como cautivadora. Por otro lado, junto con Los Premios y El Perseguidor, dichas obras formulan, a su vez, nuevos no lugares paralelos a los que habitan, con una fuerza ciertamente protagónica, los tres relatos anteriormente citados. Así, además de los vagones del metro, en la novelística de Cortázar el puente, el tranvía, el barco, el hotel o las galerías no aparecen como un mero soporte indicial de la enunciación, ni siquiera como elementos creadores de atmósfera, sino como factores pragmáticos que se integran a niveles más profundos que el de la pura descripción.

    Cortázar siente la ciudad como algo que no se explica, sino que es. Y que es, por encima de todo, a partir de lo que no es, de los no lugares que la pueblan y, por decirlo de alguna manera, la resucitan, convirtiéndola en todas las ciudades-Ciudad a un mismo tiempo.  ?Mi ciudad es hoteles infinitos y siempre / el mismo hotel?, se sincera ese yo cortaziano en uno de sus poemas.  Espacios antropomórficos, el París y el Buenos Aires de Cortázar son tapices habitados por ?pasajeros sin figura?, por una masa compacta de la que es preciso diferenciarse y tomar distancia. De ahí que muchos de sus personajes (como Oliveira, Jhonny Carter, Lucho o Juan) sean cronopios de pies a cabeza, pues, igual que el niño o el convaleciente baudelerianos, gozan de una curiosidad insaciable, de un ansia por descubrir el reverso de las cosas y por extraer, de alguna manera, lo universal de la transitoriedad de los acontecimientos. Son personajes, en definitiva, que luchan por salir de la casilla habitual del juego de la vida, saltando a una situada más allá, más lejos, al otro lado, donde se encuentra, usando la metáfora de Oliveira, el kibbutz del deseo, el reino milenario, el hombre verdadero.

    Empecemos el viaje. Recorramos, como haría Cortázar, los vagones de su literatura sin saber adónde terminará nuestro vagabundeo. Zambullámonos en el laberinto de sus páginas sin otra fórmula pragmática que abandonarnos a ese vaivén que provocan, consciente y febrilmente, los infinitos reinos de un tablero cuyo final tiene que ser el Cielo.  


  • Imre Kertész o sobrevivir a la supervivencia

    Laia Quílez

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    En su ensayo Escribir después de Auschwitz, Günter Grass define la Shoah como un suceso monstruoso, como algo incomparable e injustificable que, como tal, se erige en la historia de Occidente mostrándose como una ruptura que marca un antes y un después, no sólo en el ámbito del arte, sino en el del pensamiento mismo.

    En este sentido, si algo puede decirse de aquellos que, sobreviviendo a los campos concentracionarios, dejaron por escrito su experiencia, es su intento de cavar, como en el poema de Celan, fosas en el aire. Cavar, porque se trata de un trabajo impuesto por la necesidad de hablar; fosas en el aire, porque en sus escritos, sea cual sea su género, su tono o su voz, se lucha con y contra el lenguaje, la memoria y el fragmento, para, al fin y al cabo, decir una muerte que nadie, ni tan solo ellos, puede conocerse nunca.

    Imre Kertész (Budapest, 1929), uno de los que dijeron y siguen diciendo Auschwitz, empezó su labor excavadora años después de sobrevivir a los campos de Auschwitz y Buchenwald. Hoy, con el respaldo y la pala de una gran institución como es la Academia Sueca ?grande porque gracias a ella casi la totalidad de sus obras han sido traducidas a varios idiomas- sigue cavando fosas en el aire, como él mismo pondrá en boca del narrador de Kaddish por el hijo no nacido. Fosas que aún y desvanecerse -como la novela de  Liquidación, que al decir por fin lo indecible es, precisamente por ello, destruida por el fuego-, se presentan ante el lector con toda la indecibilidad del horror pero con el horror mismo abierto de par en par.

    Como Primo Lévi, Jorge Semprún, Jean Améry o Ruth Klüger, Kertész sigue viviendo en el Lager; su experiencia concentracionaria no terminó con su liberación, sino que aquella constituye su presente, su vida misma y su escritura. El Auschwitz de después de Auschwitz es así la tierra del desarraigo y la desesperanza, cuya pervivencia forzará al auto-exilio y al brutal extrañamiento a quienes hayan padecido su experiencia. En Kertész, será precisamente este exilio interior, esta desesperanza y este resentimiento ante el mundo, la esencia de la mayor parte de sus personajes literarios; así, B. de Liquidación, el viejo de Fiasco o el narrador de Kaddish por el hijo no nacido, entenderán la vida como un Lager, en tanto que vida erigida sobre la memoria y, por lo tanto, sobre ?el presente del pasado?.


  • Quien sabe si ángeles o demonios, ¡pero derrotados!

    Marta

    Por pura coincidencia temporal de publicación, he leído consecutivamente tres obras escritas en los años sesenta-setenta que tienen en común la violencia, las adicciones, los personajes derrotados, autores americanos autodidactos, más o menos coetáneos, y que me han entusiasmado.

    Buenos propósitos que acaban con la asunción de la condición de marginado y delincuente; pedazos de redirección truncados por el mal augurio; ambientes sucios, pegajosos; ansias y descontrol; recursos sexuales como única forma de apaciguamiento; una cierta esperanza de amar que se aguanta por los pelos; lenguaje apoltronado en un suelo del que no se mueve. Podría seguir poniendo puntos y coma, pero sólo quiero indicar por qué me han conmovido tantísimo estas historias de vidas devastadas, ¡la explicación completa está en el interior de las mismas obras!

     


  • Cerca de Julien Gracq

    Marta

    He vuelto a leer El mar de las Sirtes de Julien Gracq, y me sigue fascinando. El joven aristócrata Aldo, cansado de pasar el tiempo de fiesta en fiesta con sus amigos, decide utilizar sus contactos para pedir un destino que le permita servir al Estado. Así es como termina en una guarnición fronteriza situada en un rincón de Orsenna (una mezcla entre Venecia y Nantes) donde todo se mantiene a la espera del ejército enemigo, belicoso y brutal, que se demora y sólo da mínimas señales de vida. Terrible invasor que parece no presentarse, para la desesperación del ejército rival. Aldo deberá convivir con los tres oficiales y su capitán, Marino, contrapunto y réplica como coprotagonista. Ambos, empujados por el peso del aburrimiento y el curso de los días, siempre nebulosos, convertirán una posible amistad en una relación de estrecha vigilancia mutua. 

    Novela de atmósfera pegajosa, asfixiante, inquietante, como la zona fronteriza que atraviesa: baldía, fúnebre, ruinosa, devastada por la dejadez de sus habitantes, reflejo del tedio de esperar que suceda algo que ya no sabes exactamente que será.
    Sensación de irrealidad conseguida por la maestría de Gracq que nos describe minuciosamente y con todo detalle el paisaje, los fenómenos sensoriales, el clima, la geografía, la arquitectura del entorno, pero en cambio del aspecto de los personajes, de su carácter y de su psicología casi no nos dice nada. Unas figuras de ensueño, que se mueven en un duermevela, guiados por el instinto más que por la racionalidad. Esto no hace más que remarcar el intenso ambiente zúrrela que palpita en toda la obra.
    Lectura que requiere esfuerzo y dedicación, compensados bastamente por la exquisitez de la prosa y la reflexión metafórica latente.
    Antes Buzzati con El desierto de los Tártaros; y luego Coetzee con Esperando a los bárbaros.


    El mar de las Sirtes de Julien Gracq
     


  • Traven, un tesoro

    Marta

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    Junto al Barco de la muerte, El tesoro de Sierra Madre es la obra más conocida del misterioso Bruno Traven. Autor de origen alemán nacido a principios del siglo XX, que parece que vivió y murió en México hacia finales de los sesenta.

    La obra que he elegido hoy es, en una primera lectura, una novela de aventuras: situada a mediados de los años 20, dos pardillos que malviven en campos petrolíferos de la frontera del norte de México, guiados por un barco minero, deciden ir a buscar oro en las montañas de Sierra Madre. Durante ocho meses exploran el terreno, montan el campamento, trabajan en una mina sacando pequeñas pero incitadoras cantidades de oro, hasta que conformados, quieren volver a la civilización. El autor nos muestra la evolución de la relación entre los tres personajes y de la personalidad de cada uno de ellos, en estas condiciones extremas de duro trabajo, las ansias de riqueza, la vida desolada en una tierra de rigor desmesurado. Primero se toleran, luego se odian, en un momento dado incluso parecen hacerse amigos, para finalmente dejarse llevar por la codicia más violenta. En las últimas páginas, sin embargo, parece que las ironías de la vida terminan por reencontrar la dignidad de los hombres.

    Pero la novela es mucho más que aventuras: es la postura políticamente reivindicativa de la humildad y la vida sensata, la denuncia de los engaños y de las estafas más poderosas, de las malas artes de toda clase de poder, sea político o religioso. Una especie de postura ácrata ante la opresión del combate subterráneo de los más desfavorecidos. En los momentos más intensos, intercala relatos de tradición oral como ejemplos de lo que acabará pasando más adelante. Una denuncia de la injusticia con conmovedoras reflexiones sobre la misma. En conjunto, Traven nos lo presenta con una prosa directa y sencilla, pero de una gran sensibilidad antropológica, social y también moral.

    Todo aquel que tenga espíritu aventurero puede hacer el viaje por la ruta del Tesoro de Sierra Madre, hay un trenecito magnífico que realiza todo el trayecto.
    Fue, además, la segunda película de John Huston con un Bogart de cínico total.



     


  • Las deformidades más literarias

    Marta

    Aquí no pretendo descubrir ninguna tradición, sólo quiero encontrar compañía para los personajes deformes que en épocas diversas han protagonizado textos literarios. Es probable que a menudo el delirio y siempre la soledad sean su vínculo.


  • Llegan unos cuantos libros libertinos

    Marta

    Coincide la publicación de unos cuantos libros con libertinos que se alegran la vida. Y como precursor, un texto medieval catalán animado por el erotismo.


  • Lecturas de finales de enero

    Marta

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    Ahora que ha terminado el primer mes del 2010, hago un repaso de los libros que he leído últimamente. Destaca al nuevo libro de Kirmen Uribe, la dureza del Stark de Bunker, el bisturí antibelicista de Nada a la vista, la perla onírica de la ahora reeditada La niña verde, la renovada Espiral de Baixauli o las turbulencias emocionales de Maleeixo el riu del temps. Pero por encima de todo tengo que mencionar a dos de los que no fallan: la nueva edición de Vértigo de Sebald, y El Tercer Reich del extrañado Bolaño. Por mucho que ambas sean obras primerizas, apuntan hacia el inmenso talento que les hará reinar en la literatura a pesar de su prematura muerte.


  • DANILO KIS

    Marta

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    No sé si le sucede a los demás, pero a mi hay algunos autores, y Danilo Kis es uno de ellos, que cuando son nombrados o veo alguno de sus libros en mis estanterías, me despiertan una sensación que llamaría de fervor: una mezcla de admiración, inquietud y ansias de comprensión. Y para ponerle la guinda al pastel, Acantilado recupera gran parte de su obra. Como me gusta este precioso azul violáceo que ahora acoge Laúd y cicatrices