Diario de lectura
Blog de La Central

Notas y reflexiones de nuestros libreros sobre lecturas, reediciones, novedades, proyectos editoriales y otros acontecimientos relacionados con el mundo del libro y las humanidades


  • Archivo Bolaño

    Carles Masdeu

    BOLANO

    Que la literatura y la poesía de Roberto Bolaño (1953-2003) tienen una trascendencia que va mucho más allá del valor estrictamente literario, y que aunándose constituyen un manifiesto total en el que tienen cabida propuestas estético-políticas y morales de un posicionamiento vigoroso y radical, es algo indiscutible o lo va sabiendo, poco a poco, todo el mundo. Lo que quizás no sabe todo el mundo y debería saber es que con motivo del décimo aniversario de la muerte del escritor, el CCCB ha inaugurado en Barcelona una primera muestra de su archivo personal -se puede visitar desde el 5 de marzo al 30 de junio de 2013-: una cuidadosa extensión de su archivo familiar -objetos, cuadernos, recortes de periódico, escritos inéditos- además de una avispada puesta en escena por parte del comisariado: Juan Insua y Valerie Miles. La muestra constituye un archivo de rincones poco iluminados, de luces tenues y sonidos que parecen sacados de las alcantarillas o de los tubos de supervivencia del propio escritor: símbolos y más símbolos. Pistas para un policía. Quizás para un amigo. Rastros de intimidad y de cuadernillos con una letra milimétricamente ordenada que reta a la exposición en el siglo XXI. Pero volvamos a la propuesta estético-política del escritor. Justo al inicio del recorrido nos encontramos ya con algunas de sus obsesiones: un material audiovisual que mezcla escenas de la masacre de Tlatelolco, la caída de Allende y <i>El triunfo de la voluntad</i> de Riefenstahl. La violencia, el totalitarismo y la exploración del mal, unidos al maltrato de la historia latinoamericana más reciente preocuparon siempre al escritor chileno, y fueron motivos de peso en <i>Estrella distante</i>, <i>La literatura nazi en América</i> o en <i>2666</i>, y en muchos otros libros más, pues la obra de Bolaño se ramifica constantemente y sus motivos aparecen y desaparecen ahora aquí ahora allá. Importante: el trauma y el rencor hicieron que Bolaño fuese un desvergonzado deseoso de escapar de “la vergüenza psicopatológica de su país” –y de eso encontramos numerosos ejemplos en una recopilación de escritos que editó el crítico Ignacio Echevarría y que se llama <i>Entre paréntesis</i> o en alguna de las entrevistas en formato digital accesibles en este archivo-, el Chile nocturno de <i>Nocturno de Chile</i>, ese pasillo de una geografía esquizofrénica castigado por la dictadura pinochetista y al que Bolaño se refirió como su Infancia. Y no sólo en Chile, sino en Estados Unidos, los lectores sensibles e inteligentes también han sabido captar el mensaje y la denuncia del escritor chileno: “el espectáculo del terror latinoamericano es parte de <i>nuestra</i>locura, y para bien o para mal es uno de los elementos que hacen la obra de Bolaño tan irresistible aquí”, dice Barbara Epler, primera editora del autor en "yankilandia".


  • Ombra mai fu

    Piccolomini

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    Por estas latitudes europeas quedan pocas avenidas que no estén sembradas de pestíferos y enfermizos plátanos. Jerjes, al menos el de Händel, no  atinaba mucho al cantar las bondades de tal vegetal.
    Ahora que en el cielo predomina el Boyero, nos sorprende gratamente la fragancia salutífera de un tilo al atardecer. Su olor embriagador nos invita a un paseo por el imaginario del amor romántico.
    Los amores patrios ocurren a la sombra de una sombrilla de encaje y seda, quizás porque por aquí no hay demasiada variedad de sombras ni frondosidades. Sin embargo, por poco que viajemos hacia el norte, ins Grüne, encontraremos numerosos amores felices y aciagos, de los cuales el tilo es testigo único, privilegiado y confidente. Cabe pensar en un desdichado Coleridge, sentado bajo un tilo, componiendo su This lime-tree bower my prison.
    Entre los alemanes, gente que dispone de un erario poético incomparable y tiene la sana costumbre de musicarlo todo, se cuentan famosos tilos, inmortalizados por el verso y por el canto en la obra de ilustres parejas. Así, por ejemplo, tenemos el Minnelied de Tieck-Mendelssohn o el maravilloso Der Lindenbaum de Müller-Schubert, de vital importancia en  La Montaña Mágica
    El mejor de los músicos poetas alemanes, Gustav Mahler, corona el ciclo del camarada errante con una marcha tenebrosa en el registro y fúnebre en el ritmo. Los dos ojos azules son dolor y tormento. En este momento de angustia aparece misteriosamente un tilo en el camino del viajero. Sus flores olorosas, como el agua del Leteo, le otorgan el don del olvido y el nacimiento de una nueva felicidad, donde todo se confunde y se resuelve armoniosamente, todo, amor, dolor, mundo y sueño. ¿Hallaremos jamás un símbolo semejante en nuestro camino urbano?


  • Difuntas fantasías

    Piccolomini

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    "Son algo los espíritus de los muertos: no todo acaba con la muerte, y una sombra pálida se escapa de la pira vencida." No son los versos escritos por uno de los poetas metafísicos ingleses. El poeta Propercio, nacido en Asís alrededor del año 50 aC., también escribía florecillas en verso elegíaco y hacía sus cagilones poéticos a propósito de una Cintia bellamente imaginada. Cuando ella muere -o al menos Propercio la hace difunta-, el poeta puede celebrarla como una sombra que conserva el remanente de la belleza pasada. Algunos fantasmas nos acompañan gratamente a lo largo de nuestra vida; fantasmas que nos persiguen y nos instigan a "arrancar la hiedra de sus tumbas". Una de estas visiones perturbadoras que nos hechizan de por vida se despierta con la contemplación de la tabla que pintó Ghirlandaio en memoria de la bella Juana. "Ojalá pudieras, arte, expresar el espíritu y las costumbres; no habría en el mundo cuadro más bello." El pintor humanista aprovecha los versos de otro poeta latino, Marcial, para enaltecer la hermosura y la virtud de la difunta. Ciertamente una belleza extraordinaria al servicio de un artificio literario y pictórico no menos excepcional. Al fin y al cabo, quizás el artificio es lo único que no es fruto de la imaginación.


  • Mapa de Viena

    Abel Cutillas

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    Acabamos de publicar en nuestra revista digital, Páginas Centrales, que podéis encontrar aquí mismo, un artículo de Eduard Cairol centrado en la Viena de Hofmannsthal. Viena y el modo en el que esta ciudad decadente miró a los ojos a la antigüedad, buscándose.


  • Pizarnik o la muchacha que vuelve a escalar el viento

    Laia Quílez

    Lo primero que leí de Alejandra Pizarnik, no hace demasiado y abriendo al azar la edición en la que Lumen editó su prosa completa, me dejó completamente aturdida, por un lado por la imposibilidad de concretar mi propio aturdimiento; por otro, por esa vaga emanación, casi viscosa, que diría Sarraute, que desprendían sus palabras y que también encontré cuando por vez primera leía (en aquel caso a Cortázar), no con placer sino con goce, a la manera como Roland Barthes definió esta última manera de vivir un texto. Ese primer acercamiento a la prosa de Pizarnik, y más tarde también a su poesía, lejos de aplacar mi sed lectora, la desconcertó por completo, al tiempo que resquebrajó sin piedad la consistencia de mis gustos y mi relación con el lenguaje. De hecho, lo que sucedió en aquel momento sucedió en la palabra misma, mucho más que en la historia que aquélla me enunciaba.

    Hablando exaltadamente. Mientiendo exaltadamudamente. Mentando mentiras, susurraba para sí y a mí Pizarnik, en una especie de glíglico en el que ahora jugaba ella sola. Más tarde, leyendo el estudio que César Aira le dedicó hace algunos años, descubrí que lo enigmático que me fascinó de su prosa y poesía se debía no sólo a ese sujeto inquietante (esa ?niña huérfana? que va creciendo en cada línea), sino a la misma forma en que aquél se presentaba: el fragmento. Ese, por ejemplo, un agujero en la noche/ súbitamente invadido por un ángel y los tantos otros agujeros que pueblan toda su obra, se me presentaban como gritos a una realidad que no puede abarcarse, y que, por lo tanto, tampoco puede decirse.

    Esta experiencia de la discontinuidad, adquiere en Pizarnik la forma de una especie de collage surrealista, en el que cada fragmento ostenta por sí mismo una visualidad casi ontológica. Como apunta Aira, lo fragmentario es pues, para Pizarnik, también austeridad y despojamiento, ?islas de sentido?, como diría Blanchot, por las que la muchacha vuelve a escalar el viento. Por otro lado, tomando la manera en que Blanchot entiende el fragmento, esto es, como un pedazo de meteoro, que se desprendió de un cielo desconocido, que es imposible vincular con nada que pueda conocerse, este aerolito estelar, pese a ser un proyectarse desesperado de la materia verbal, es al mismo tiempo el centro infinito a partir del cual nace y muere el único diálogo posible: aquél que al tiempo de liberarse, naufraga.

    Y es que la patria que Pizarnik cree entrever en el mismo acto de erigir su obra, en esa especie de montaje de fotogramas poéticos, se le vuelve finalmente intangible y, por ello, inhabitable. La palabra que hubiera podido salvarla la apunta ahora de frente y, con un solo disparo, la hace caer del viento. Calcinada por un sueño implacable que ya no puede compartir ni tan sólo con su silencio, la princesa ha perdido su reino y, hundida su isla, ya no le queda nada más que ir hasta el fondo.