Diario de lectura
Blog de La Central

Notas y reflexiones de nuestros libreros sobre lecturas, reediciones, novedades, proyectos editoriales y otros acontecimientos relacionados con el mundo del libro y las humanidades


  • Patrick McGrath
    Constance

    Alberto Martín

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    Patrick McGrath escribe sin cortapisas, sin ambages, con una precisión de cirujano a la hora de diseccionar la psique humana, pero dejando libertad al lector para que reconstruya lo que el narrador silencia, para que ilumine la oscuridad que se vislumbra entre líneas. La pericia del autor británico reside, precisamente, en esta capacidad de sugerir y explicitar mediante un juego de luces y sombras al que nosotros, afortunados lectores, nos veremos abocados.


  • Carta de lectora

    Marta Ramoneda

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    En poco tiempo, he leído la obra de dos autores de los que no sabía nada y me han parecido creadores de excepción. Curiosamente, ambos libros han sido publicados por Adriana Hidalgo, una editorial argentina que, por lo que veo, tiene un gusto y una capacidad de selección poco común.


  • Vicente Valero
    Los extraños

    Antonio Ramírez

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    Tal vez algunos dirán de Los extraños que se trata del primer libro de ficción de un poeta de trayectoria ya consolidada, como quizás también antes pudo haberse dicho que tanto Experiencia y pobreza como Viajeros contemporáneos fueron circunstanciales, pasajeras incursiones en el género ensayístico de alguien reconocido y que se reconoce fundamentalmente como poeta. Pero una atenta lectura nos permite constatar que ambas observaciones, más que equivocadas, son del todo irrelevantes.


  • Jorge Ibargüengoitiaz
    Maten al león

    Jesús Casals

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    El 27 de noviembre de 1983, un Boeing 747 que cubría el vuelo París-Bogotá con escala en Madrid se estrellaba en Mejorada del Campo por un error en la maniobra de aterrizaje del piloto. Únicamente sobrevivieron 11 pasajeros. Entre los 181 muertos se encontraban varios escritores invitados por García Márquez a la capital colombiana con motivo del Primer Encuentro de la Cultura Hispanoamericana, donde se rindió homenaje a cuatro de los fallecidos en el siniestro: los escritores Marta Traba, Ángel Rama, Manuel Scorza y Jorge ibargüengoitia. Este último se subió al avión con el manuscrito de una novela que se quemó debido a la explosión provocada por el accidente. Se ponía así fin a la vida y a la carrera novelística de un escritor que había vivido siempre ajeno al movimiento del «boom», por más que Augusto Monterroso había intentado incluirlo en el circuito. Y es que ibargüengoitia es uno de los escritores latinoamericanos más importantes del siglo XX, aunque
su nombre no sea de los más conocidos. Abandonó los estudios de ingeniería para dedicarse a escribir, primero como dramaturgo y luego como novelista y cronista de México, sobre los vicios del poder político y militar, el gran argumento literario latinoamericano. Cabe destacar Los relámpagos de agosto (1965) o Maten al león (1969), ambientado en una imaginaria isla caribeña llamada Arepa (con su propia mitología sobre la expulsión de los españoles), donde un dictatorcillo de tres al cuarto, que se hace pasar por demócrata, trata de perpetuarse en el poder asesinando al líder de la oposición. En una suerte de Fuenteovejuna fracasada, los ciudadanos de la isla tratan de asesinar al presidente con repetida torpeza. El relato refleja la farsa que esconde siempre el juego político, y eso nos recuerda a las teóricas democracias parlamentarias actuales, que en realidad enmascaran las ansias de poder de dirigentes en busca de un cargo vitalicio y del manejo de las leyes a su antojo. La fluidez de los diálogos, la antiheroicidad de sus personajes y las puntillas irónicas y sutiles del narrador son magníficas muestras del estilo de Ibargüengoitia, que RBA está recuperando en parte gracias al entusiasmo del periodista Enric González, que en 2007 escribía: «Hoy vamos a terminar enseguida: si no ha leído a Jorge Ibargüengoitia, compre alguno de sus libros y léalo. Es muy probable que no encuentre nada en las librerías españolas, lo que demuestra, una vez más, que la vida puede estar muy bien, pero el mundo está muy mal».


  • Wajdi Mouawad
    Ánima

    Elisabeth Massana

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    Conocido por el público teatral por su tetralogía La sangre de las promesas, que incluye la aclamada Incendios, Wajdi Mouawad recorre la geografía de una América desconocida en esta magnífica novela.


  • Gabriel Josipovici
    Era broma

    Daniel Parellada

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    ¿Os entusiasmó Moo Pak? Pues esto es la otra cara de la misma moneda: diálogos, cuernos y mentiras. El Elspeth, una mujer casada con el varón sufre porque cree que la herencia de su marido irá a parar a la hija de él, así que contrata a Alphonse para que lo mate. Hasta aquí todo normal, o casi. Pero el lío empieza cuando el magnate, preocupado porque su mujer tiene algo entre manos pero no sabe qué, contrata a alguien para que la espíe. Y ese alguien también es Alphonse, ex pallaso, de nombre artístico 'Banjo', que en ambos casos ha sido recomendado por Felix, el chofer de la casa. Esto, que inicialmente había sido un titular de periódico del todo inverosímil que paseaba por el bolsillo de Josipovici sin rumbo, es el punto inicial de la novela Era una broma. Como en un juego de pistas absurdo, un thriller cómico (que recordará el mejor Woody Allen), los personajes hablan y hablan, ya sea por teléfono, en un restaurante, o admirando el retrato que Braque hizo de un pan y un jamón imaginarios. Londres incluso parece bonita. Pero alguien roba el cuadro y entonces vemos la importancia de la joven estudiante de Bellas Artes que lleva de cabeza a todos los hombresde la nouvelle, ya no sabremos a ciencia cierta si el arte contemporáneo nos hemos tomar en serio o si era una broma. Porque tanto si es una gran obra literaria como un divertimento, o ambas cosas, hay algo siniestro que persiste en el oído durante los días siguientes a la lectura adictiva. De verdad que sí.


  • Abelardo Castillo
    El que tiene sed

    Abel Ramon

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    La recién nacida editorial madrileña Carpe Noctem publica, con mucho acierto, la segunda novela de Abelardo Castillo, uno de los escritores argentinos más reconocidos allí, más desconocidos aquí. El que tiene sed retrata vicisitudes y angustias de un alcohólico aspirante a escritor, Esteban Espósito. Conferenciante ocasional, lector de otros alcohólicos ilustres, imposible con las mujeres, Espósito tiene un problema: el whisky. La verborrea procaz con la que él mismo relata su peripecia tiene un contrapunto final en cada episodio, con las anotaciones en sus cuadernos: fichas médicas y fragmentos literarios de sus referentes etílicos. A través de un discurso lúcido y alocado, Espósito/Castillo teje una madeja de complicaciones que le lleva hasta el manicomio (el mismo lugar que, por cierto, habitaban varias voces de la Rayuela cortazariana). Aún allí, su voz no se resquebraja. Puro texto feliz.


  • Isaac Rosa
    La habitación oscura

    Jesús Casals

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    Nacieron en los setenta, crecieron felices en los ochenta, consumieron masivamente en los noventa y ahora, con el nuevo siglo, se han visto abocados a una habitación oscura en la que ni el ruido ni la luz asoman por ningún lado. Puede ser la historia metafórica de una generación (que podrían ser muchas) y es también el argumento en torno al cual Isaac Rosa construye La habitación oscura: un espacio real y simbólico que comparten durante años María, Sonia, Jesús o Pablo, personajes tan normales y corrientes como tú y como yo, porque esta novela alude a un plural indeterminado, a una metáfora global que refleja una realidad social contada como nadie lo ha hecho hasta ahora. Y es que solo una escritura tan singular (sus lectores la reconocerán de inmediato) y magníficamente urdida como es la prosa de Rosa puede dar forma exitosamente a un proyecto narrativo tan arriesgado como literariamente perfecto, una evolución lógica y a la vez sorprendente de aquellos personajes agónicos de La mano invisible. Pero no es esta una novela de crítica social al uso, ni contiene digresiones ensayísticas como El vano ayer. El compromiso del texto es totalmente literario y avanza con una fuerza y un ritmo que mete al lector en la habitación, lo hace partícipe de esa atmósfera del miedo colectivo que la crisis, el capitalismo, el espionaje cibernético y la política han grabado en nuestra retina. Sin moralina, sin conclusiones, sin final redondo, tal cual. Lector, ahora te toca a ti meterte en la habitación. Nosotros ya lo hemos hecho, y en ella hemos hallado una de las mejores novelas del año.


  • Rafael Bernal
    El complot Mongol

    Nacho Borraz

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    Filiberto García es un antihéroe de una sola pieza, pistolero de la policía mexicana en los años sesenta que primero dispara y luego pregunta. Y para el caso que le ocupa, su táctica de no andarse con chiquitas le va a ser útil: magnicidios, servicios de espionaje gringos y soviéticos, tríadas chinas, corrupción política y tráfico internacional de drogas. Filiberto está más allá del cinismo: solo busca un lugar al sol donde descansar en sus años de vejez, pero la experiencia le ha demostrado que no puede fiarse de nadie.


  • Edna O'Brien
    Las chicas de campo

    Luis de Dios

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    Cuando Edna O’brien escribió Las chicas de campo allá por el año 60 del pasado siglo, parece que intuía que sus lectores se adentrarían en su novela en un día invernal, tal vez lluvioso, con un cielo plomizo tras la ventana y acompañando la lectura con una taza caliente de té, para de esta forma ubicarse espacialmente junto a sus personajes y adentrarse en los húmedos paisajes irlandeses, sintiendo más cercanas las experiencias vitales de Caithleen, sus anhelos y ensoñaciones, el odio visceral hacia su padre o el amor incondicional por un hombre mucho mayor que ella. Aquella niña de pensamientos límpidos pasa sin sensación de continuidad a ser una muchacha inteligente pero insegura que sin preámbulos se convierte a su vez en una mujer observadora e ingenua, que nos hace un recorrido vital alejada de sentimentalismos y con una sutil ironía que convierte su relato en una magnífica novela.


  • Elizabeth von Arnim
    Vera

    Neus Botellé

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    ¿Hay algo mejor que tener un marido entregado? Sí: no tener marido.


  • James Ross
    Mal dadas

    Amatulláh Hussein

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    En medio de ninguna parte, un granjero venido a menos y acosado por las deudas, Jack McDonald, ve como solución a sus problemas trabajar en el bar de carretera de un antiguo compañero de colegio, Smut Milligan. En ese escenario seremos testigos de cómo la Gran Depresión convierte a los ejemplares ciudadanos de un pequeño pueblo de Carolina del Norte en viles buscadores de dinero, alcohol y sexo bajo una aparente normalidad. Claro que todo se precipita cuando llega a oídos de Smut que un parroquiano de su garito tiene enterrados varios miles de dólares y obliga a Jack a participar en sus planes.


  • George Sanders
    10 de diciembre

    Joan Flores

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    América. La tierra: agostada, estéril, yerma. La civilización: pasó sin detenerse. El sueño americano: cosa de extranjeros. El American way of life: el jinete de Marlboro con enfisema, los cubos de alas de pollo, el Winchester en el armario y Jersey Shore. Y (mobile) home sweet (mobile) home. ¿Desolador? Depende. Un escritor poderoso es el que consigue hacernos creer que lo que para nuestra mirada es un drama para los protagonistas no pasa de tragicomedia; el que pese a tratarlos con la amabilidad de un forense nos hace quererlos porque sus sentimientos son tan primarios que no admiten réplica. Nos confunde. Nos manipula. Nos engaña. Nos da las respuestas antes de que podamos hacer las preguntas. ¿Qué pincha más, una aguja o una pelota? Saunders: la aguja. Amazing grace.


  • Haruki Murakami
    Los años de peregrinación del chico sin color

    Elisabeth Massana

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    Dos años después de la publicación de la trilogía 1Q84, vuelve el escritor nipón con Los años de peregrinación del chico sin color, su novela que más recuerda a la aclamada Tokio Blues.


  • Carta de lectora

    Marta Ramoneda

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    Nos encontramos de nuevo aquí, preparados para un actual y breve repaso a mis lecturas más recientes. Obviaré aquellas en las que no pasé de la página veinte, para destacar, en cambio, algunos aciertos:


  • Jean-Baptiste Del Amo
    La sal

    Neus Botellé

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    «Todas las familias felices se parecen entre sí», dijo Tolstoi unos años atrás, y Del Amo constata que las infelices son desgraciadas en su propia manera, a través de los protagonistas de La sal, su segunda novela traducida ahora en España. El libro abre con una cita de Mrs. Dalloway de Virginia Woolf, y Del Amo reintrepreta ese ritmo de un día en la vida de una mujer y lo traslada de forma magistral a un pueblecito de pescadores de la costa francesa, en el que la protagonista, Louise, su madame Dalloway, prepara una cena para sus hijos, ausentes del pueblo, mientras recuerda su vida bajo la sombra de Armand, su difunto marido. Los desaparecidos nos marcan sin cesar.


  • Richard Ford
    A propósito de Canadá

    Joan Flores

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    Dell Parsons es un muchacho que ve alterada su tranquila vida por un atraco que cometen sus padres y la posterior desaparición de su hermana, viéndose forzado a exiliarse a Canadá para huir de las autoridades estadounidenses; esta es la trama de Canadá, que queda desvelada en el primer párrafo de la novela. El propio Dell es quien relata la historia de su juventud, atendiendo a tres fuentes de información: su propio recuerdo, el relato de su hermana y unas crónicas que escribió su madre desde la cárcel en la que estaba recluida y que son el verdadero nudo argumental, el desencadenante a partir del cual se despliega Canadá, las «memorias» de Dell: memorias sobre memorias.


  • Ian McEwan
    Operación Dulce

    Neus Botellé

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    A principios de los años setenta, la Guerra Fría todavía forma parte de la vida cotidiana de los ciudadanos del mundo, junto con Vietnam y el Watergate. En Inglaterra, la fuerte crisis económica y las revueltas de los mineros provocan una problemática social grave, acentuada por los ataques terroristas del IRA, que reclama una Irlanda libre, y los furibundos contraataques unionistas que persiguen lo contrario.


  • Jean Echenoz
    14

    Joan Flores

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    Echenoz afronta el reto de novelar la I Guerra Mundial en menos de 100 páginas. ¿Desafío imposible? ¿Otra novela sobre la I GM? Obviando los grandes movimientos de tropas, las estrategias planeadas desde los despachos de los generales y las descripciones de las batallas decisivas, Echenoz enfoca, mediante un teleobjetivo tan potente como preciso, con la elegancia de estilo acostumbrada y una aparente sencillez que se revela complejidad a medida que el texto desvela, por omisión, los horrores de todo conflicto armado, las vidas de cuatro amigos a los que sigue a través de los campos de batalla, convirtiendo la guerra no en un conflicto entre naciones, sino en una sucesión de episodios personales en los que la implicación con el ejército no importa tanto como el conflicto vivido a escala individual.


  • Otto Dov Kulka
    Paisajes de la metrópoli de la muerte

    Carles Masdeu

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    En septiembre de 1943 fueron deportados a Auschwitz más de 5.000 judíos del gueto de Theresienstadt. Entre ellos había un niño judío-checo de diez años: el futuro historiador del holocausto Otto Dov Kulka. Este libro es un ejercicio de memoria y de análisis de la mitología privada de aquel niño, donde aparecen, en una cosmovisión kafkiana, recuerdos y fotografías que hacen pensar en W. G. Sebald y pasajes de silencio y desolación. Todo ello filtrado por el mejor recuerdo de la infancia, la inocencia y la belleza del cielo azul de Auschwitz, pero también por la gran ley inmutable, el único prisma con el que mirar el mundo, el destino sellado: la muerte. Un notable esfuerzo de consciencia que es también la consciencia de la comunidad judía y su atomización ante la irreversibilidad de la muerte, la irreversibilidad de sus sueños y de la poesía a las puertas de las cámaras de gas.


  • Miradas hacia el Oriente. Un viaje a través de la lectura

    Elisabeth Massana

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    Oriente ha suscitado una gran fascinación entre escritores y viajeros occidentales casi desde siempre. Tierra de contrastes, espacio geográfico casi indefinido y concepto comodín, su construcción literaria y cultural aún está en perpetua renegociación.


  • Ismet Prcic: Esquirlas

    Daniel Parellada

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    Esquirlas, además de una muy buena primera novela, es –sobre todo– la mejor manera que encontró el autor de no volverse loco. Con un ritmo frenético, alguien también llamado Ismet Prcic nos cuenta su infancia en Tuzla antes y durante la guerra, además de su interés adolescente por el teatro. Pero no estamos ante una novela lineal y simple: a base de pedazos narrativos (esquirlas) encontramos, por lo menos, tres líneas narrativas importantes: la del adolescente en Bosnia, la del Ismet inmigrante en los Estados Unidos y la historia de Mustafá, otro joven bosnio, que supone un giro especular estimulante. Así, de golpe, pasamos desde el joven actor de instituto post-soviético hacia los relatos brutales sobre cómo uno escapa del mortero serbio; o desde su cada vez más deteriorada vida en los Estados Unidos hacia unas cartas desesperadas a su madre depresiva. Además de las historias espectaculares sobre la vida de Mustafá y su familia.


  • Matthew Specktor: American Dream Machine

    Abel Ramón

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    No es fácil. Los consagrados, consagrados están, y algo se habrán ganado a pulso –Auster, Roth, los novelones de Franzen...–. Luego están los que prometían, y de algún modo han seguido prometiendo, como Chabon, Eggers o Lethem. Y de vez en cuando llega algún meteorito sorprendente, de mayor o menor alcance. ¿Pero qué hacer cuando alguien, en su segunda novela, decide meterse de lleno en ese buen lío de larga tradición y lucha implacable llamado Gran Novela Americana? Matthew Specktor. Anoten ese nombre. Es redactor jefe de Los Angeles Review of Books, conoce bien los entresijos de Hollywood y escribe con audacia inusitada.


  • Marcos Ordóñez: Un jardín abandonado por los pájaros

    Abel Ramón

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    Bienvenidos al templo de la memoria.


  • Archivo Bolaño

    Carles Masdeu

    BOLANO

    Que la literatura y la poesía de Roberto Bolaño (1953-2003) tienen una trascendencia que va mucho más allá del valor estrictamente literario, y que aunándose constituyen un manifiesto total en el que tienen cabida propuestas estético-políticas y morales de un posicionamiento vigoroso y radical, es algo indiscutible o lo va sabiendo, poco a poco, todo el mundo. Lo que quizás no sabe todo el mundo y debería saber es que con motivo del décimo aniversario de la muerte del escritor, el CCCB ha inaugurado en Barcelona una primera muestra de su archivo personal -se puede visitar desde el 5 de marzo al 30 de junio de 2013-: una cuidadosa extensión de su archivo familiar -objetos, cuadernos, recortes de periódico, escritos inéditos- además de una avispada puesta en escena por parte del comisariado: Juan Insua y Valerie Miles. La muestra constituye un archivo de rincones poco iluminados, de luces tenues y sonidos que parecen sacados de las alcantarillas o de los tubos de supervivencia del propio escritor: símbolos y más símbolos. Pistas para un policía. Quizás para un amigo. Rastros de intimidad y de cuadernillos con una letra milimétricamente ordenada que reta a la exposición en el siglo XXI. Pero volvamos a la propuesta estético-política del escritor. Justo al inicio del recorrido nos encontramos ya con algunas de sus obsesiones: un material audiovisual que mezcla escenas de la masacre de Tlatelolco, la caída de Allende y <i>El triunfo de la voluntad</i> de Riefenstahl. La violencia, el totalitarismo y la exploración del mal, unidos al maltrato de la historia latinoamericana más reciente preocuparon siempre al escritor chileno, y fueron motivos de peso en <i>Estrella distante</i>, <i>La literatura nazi en América</i> o en <i>2666</i>, y en muchos otros libros más, pues la obra de Bolaño se ramifica constantemente y sus motivos aparecen y desaparecen ahora aquí ahora allá. Importante: el trauma y el rencor hicieron que Bolaño fuese un desvergonzado deseoso de escapar de “la vergüenza psicopatológica de su país” –y de eso encontramos numerosos ejemplos en una recopilación de escritos que editó el crítico Ignacio Echevarría y que se llama <i>Entre paréntesis</i> o en alguna de las entrevistas en formato digital accesibles en este archivo-, el Chile nocturno de <i>Nocturno de Chile</i>, ese pasillo de una geografía esquizofrénica castigado por la dictadura pinochetista y al que Bolaño se refirió como su Infancia. Y no sólo en Chile, sino en Estados Unidos, los lectores sensibles e inteligentes también han sabido captar el mensaje y la denuncia del escritor chileno: “el espectáculo del terror latinoamericano es parte de <i>nuestra</i>locura, y para bien o para mal es uno de los elementos que hacen la obra de Bolaño tan irresistible aquí”, dice Barbara Epler, primera editora del autor en "yankilandia".


  • Kirmen Uribe
    Lo que mueve el mundo

    Abel Ramon

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    «Según Nietzsche, esta fuerza escondida es el poder; Marx cree que es la economía, y Freud opina que es el amor. Y tú, ¿qué opinas? ¿Qué es lo que nos hace vivir? », pregunta Herman a su amigo del alma Robert, hacia el principio del relato.


  • Philippe Descola, Más allá de naturaleza y cultura

    Marta Hereu

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    Ir más allá de naturaleza y cultura significa avanzar un paso en uno de los temas centra­ les del estudio antropológico. Por el objeto de estudio en sí mismo ya se podría afirmar que este libro versa sobre un todo antropoló­ gico, pero la sensación de que la obra abarca este todo se hace más intensa al apercibirnos de que el propio objeto de estudio se utiliza también para analizar los problemas inter­nos de la disciplina antropológica occidental y como herramienta para superarlos.


  • Blake Butler, Nada. Retrato de un insomne

    Abel Ramón

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    Una concatenación de conceptos afines que, de manera directa o indirecta, entroncaran con la galaxia insomne de este enorme escritor que es Blake Butler (1979) podrían servir como mapa para llamar la atención del lector potencial de este artefacto no tan ignoto como podría parecer. Y que el espacio en blanco entre cada concepto fuera rellenado de manera elíptica, como los pensamientos que uno tiene entre la vigilia y el sueño, subjetivamente. Borges; rizoma; Deleuze; estupor; Freud; memoria; Cage; trauma; David Lynch; parataxis; Beckett; escritura; John Barth; búsqueda; y así sucesivamente, establecer una serie de referentes y de palabras significativas de lo que es Nada. Retrato de un insomne, primer libro (muy bien) traducido de Butler al castellano. En este sentido, no obstante, el libro contiene ya una bibliografía y un índice onomástico suficientemente elocuentes; y además ni eso sería suficiente.


  • Manuel Rivas, Las voces bajas

    Irma Amado

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    Después de Todo es silencio (2011), Manuel Rivas regresa con un nuevo libro que profundiza en la memoria colectiva y personal. A través de pequeñas historias hilvanadas por elementos autobiográficos reconstruye la cartografía de su infancia y abre el álbum familiar para literaturizar recuerdos, anécdotas y acontecimientos que forman parte de una historia escrita con minúscula.


  • Pablo Martín Sánchez, El anarquista que se llamaba como yo

    Laia Quílez

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    Pablo Martín Sánchez, el anarquista que se llamaba como el autor de El anarquista que se llamaba como yo, fue condenado en 1924 al garrote vil sin saber que algunas décadas después de que se despidiera del mundo y de que el mundo acabara olvidándole, terminaría convirtiéndose en el protagonista de la última novela que ha pasado a engrosar mi no muy demasiado extenso listado de obras 'totales', historias que te voltean, que te atrapan y que te empujan, en definitiva, a no dormir, a no vivir, a no ser para seguir leyendo.


  • Julian Barnes, 'El sentido de un final'

    Jesús Casals

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    Barnes recibió el Man Booker Prize por esta obra que, según el jurado, sintetiza las características de un clásico de la literatura inglesa, por estar exquisitamente escrita y por haber trazado con gran sutileza a sus protagonistas.


  • Moo Pak de Gabriel Josipovici

    Marta Ramoneda

    Primer tema: dar las gracias a los editores, a los traductores y a quien haya tenido la idea de pu­ blicar este libro. Si el autor nos era más conocido como crítico, ahora tenemos una de sus novelas para poder seguir gozando de él. ¡Y qué novela! Una especie de monólogo dialogado que repro­ duce las conversaciones mantenidas paseando por los parques de Londres entre Jack Toledano y Damien Anderson durante diez años. Como ha dicho el editor, es una novela de ideas, pero sobre todo de sensibilidades, de afini­ dades y de amistad. Un devaneo de contradiccio­ nes que apuesta por no aferrarse a una idea, sino dejarse sorprender por la contraria, de modo que sea la admiración el motor del conocimiento. Dos hilos conductores especialmente grue­ sos destacan por encima del resto. La descrip­ ción del proceso de escritura, del cual el libro mismo que tenemos en las manos sería un ejem­ plo; y la descripción del proceso de lectura, una especie de silencio con el que cada libro envuelve de un modo particular a un determinado lector. Aún más hilos: el recuerdo personal compar­ tido que es la amistad, que obliga a las personas a estirar del lenguaje tanto como sea posible y más para hacer real la conversación; y el com­ promiso moral del escritor, a menudo arañado, con la vida y con el arte. Es de todo esto y más de lo que hablan Toledano y Anderson haciendo el flâneur por Londres, un poco a la manera de Rousseau o de Walser. Y atrapado en esta cadencia, en el lector se va generando una especie de libro paralelo. No sabría decir por qué, pero como dice Anderson al final del libro «mi vida sería mucho más pobre si no lo hubiera conocido ni hubié­ ramos hablado y paseado juntos durante más de diez años por los parques y los brezales y a lo largo de las vías navegables de Londres. Basta».


  • FrICCIONES, de Pablo Martín

    Laia Quílez

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    Érase una vez un joven nacido hace 34 años en algún lugar cerca de Reus, que se pasó la secundaria tomando apuntes con lápiz mientras coleccionaba todo lo coleccionado y por coleccionar: cajas de cerillas, cubos de rubik, ceniceros, lámparas de noche, libros; que estudió Arte Dramático, Teoría de la Literatura y, de paso, Literatura Comparada; que investigó desde Lille sobre el Oulipo y sobre el hipertexto, mientras soñaba con cuentos que sí había escrito y esbozaba novelas patafísicas y totales; y que un día, no hace mucho, publicó, en la pequeña pero prestigiosa editorial e.d.a., su primer libro, FrICCIONES, un compendio de relatos metaliterarios, polifónicos, autofictivos, laberínticos e hipertextuales que, lo pongo en negrita porque este editor de textos no tiene la opción de subrayado, no tienen desperdicio.


  • Un poco de azul en el paisaje

    Joan Flores Constans

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    Un poco de azul en el paisaje. Pierre Bergounuioux, Editorial Minúscula. Traducción de David Stacey

    Hay escritores cuya producción literaria descansa más en lo que antiguamente, antes de los excesos sectarios de la crítica de la segunda mitad del siglo XX, se llamaba "forma" que en el "fondo"; es decir, más en la manera en que se articula su discurso que en el contenido de aquello que se cuenta. Brive-la-Gaillarde, y por extensión el departamento de la Corrèze, en la región francesa del Limousin, es el microcosmos geográfico donde Pierre Bergounioux sitúa gran parte de su producción narrativa, confiriéndole no sólo el estatuto de lugar sino incluso en el protagonista.

    Un poco de azul en el paisaje  (Un peu de bleu dans le paysage, 2001) es un retablo compuesto por ocho cuadros, más sugerentes, característica intrínseca de la obra del francés, que exhaustivos, en los que Bergounioux explora el territorio geográfico de la Corrèze a través de lo que la memoria ha impreso en cada lugar y la forma en que su recuerdo lleva al origen.

    Se puede viajar al pasado subiéndose al carro de la nostalgia, pero no solamente la del alma sino también la del paisaje que nos hizo tal como somos mediante un lento pero irreductible proceso de modelaje, precisamente porque ese territorio físico era tal como era y nos imprimió un carácter cuyos rasgos nos acompañarán para siempre.

    "La infancia es un misterio, y doblemente cuando en universo que uno descubre es aquel agrario, cerrado, milenario, que ha subsistido al margen del movimiento, del intercambio, de la modernidad hasta la mitad de este siglo y un poco más, a veces, según el lugar."

    La crueldad de la tierra y la precariedad de la existencia no dejan lugar a las expansiones emocionales ni a los sentimientos:

    "Me parece que mi alma, o lo que hace las veces de ella, si se me permitiera examinarla fuera, en el suelo, sobre una mesa de cocina, se parecería en más pequeño, en mucho menos extenso, consistente, duradero, a la depresión de basta arenisca, marrón ocre o blanco sucio, de una media legua de diámetro, donde fue arrojada para empezar."


    El pasado irrecuperable sería pues, según Bergounioux, un territorio vedado, sólo abre sus puertas a la memoria y únicamente se puede experimentar en los sueños.

    ¿Dónde se halla pues ese pasado? En diversos aunque concretos lugares de la geografía física, pero también en la configuración moral del individuo, cuya composición nos revela esa arqueología del espíritu que es la escritura: en la infancia, el período de descubrimiento y exploración de los parajes recónditos, cuya magnitud sobrepasa las fronteras de la comprensión; en los territorios aislados con sus habitantes endémicos, resultado de incontables endogamias fruto del aislamiento; en el paso de la concepción del tiempo como magnitud inamovible e inmensurable a inquieta corriente que se cobra sus víctimas; en el descubrimiento del otro en esos emigrantes expulsados de su lugar de origen por conflictos cuya distancia los hace legendarios; en los amigos de la adolescencia con quienes compartir

    "... la idea de que el universo era un hemisferio hueco, achatado, ocre y granuloso de un kilómetro aproximadamente de radio, cuya circunferencia agotaba toda expectativa, sustancia y posibilidad";

    en las primeras transgresiones que supone llevar a cabo esas conductas que se creía exclusivamente reservadas a los adultos; y en la pasión que representan las necrópolis sobre las que se asientan los cimientos de las casonas desoladas, testimonios de tiempos más gloriosos.

    "Sólo se es una vez. No se cambia fácilmente el carácter. Hay un privilegio del origen, un sortilegio, también. La fe nueva, intacta, que uno trae al nacer confiere a las primeras cosas un definitivo ascendente. Ya podrán, más adelante, componer otros rostros, sólo uno tendrá nuestra aprobación: el que les vimos cuando llegamos."

    ¿Posibles vías de escape? Pocas, porque ni el empeño ni la voluntad pueden borrar las huellas del tiempo, pero siempre queda la lectura, que nos duplica en dos seres separados, el que experimenta con la vida y el que se recrea en lo que lee:

    "Un libro de verdad afecta en mayor o menor grado a lo que pensamos y, por lo tanto, a lo que somos. Cambia, en cierta medida, el mundo que consiste, en parte, en la idea que tenemos de él, ya lo adorne y agrande, ya consuma su ruina [...]. No conozco libro, cuando ha importado, que no haya hecho temblar el suelo de la existencia, dislocado la visión pobre, burda, que yo tomaba, antes de que la quebrantara, por la realidad."

    Uno de los grandes escritores europeos disimulado por un aparentemente sencillo envoltorio, Pierre Bergounioux. No se lo pierdan. Por favor.


  • Edipo en Stalingrado I

    Joan Flores

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    Edipo en Stalingrado. Gregor von Rezzori, Editorial Sexto Piso

    Traducción de José Aníbal Campos. Epílogo y notas de Völker Schlöndorff


    Juntamente con las celebradas e imprescindibles Un armiño en Chernopol (Ein Hermelin in Tschernopol, 1958), Memorias de un antisemita (Memoiren eines Antisemiten, 1979) y Flores en la nieve (Blumen in Schnee, 1989), editadas bajo el nombre de Gran Trilogía, Edipo en Stalingrado (Ödipus siegt bei Stalingrad, 1954) constituye una de las obras mayores del escritor austrohúngaro.

    Un innominado narrador sarcástico, rayano en el cinismo, alterna las formas del lenguaje oral, en ocasiones incluso retóricamente, mediante el recurso frecuente a citas, verdaderas o espúreas, de personajes de la cultura universal, dirigiéndose al lector, apelándole directamente, y compone su discurso mediante largas frases sintácticamente tan complejas como impecables, con descripciones minuciosas, detalladas y perfectas; se trata de informarnos, omniscientemente -omniscencia que declara, justifica y asume explícitamente, en un ejemplo paradigmático y autoparódico del narrador que posee la totalidad y el dominio de los recursos narrativos-, de las andanzas del barón Traugott von Yassilkovski, un representante de la pequeña y advenediza nobleza rural de la Prusia oriental, un musiliano Ulrich veinticinco años después, de la magnífica Rubia de Raza, y del círculo de sus amistades y relaciones, centrando la acción en el Berlín de finales de 1938 y principios de 1939, un Berlín que puede actuar como contrapunto al de Berlin Alexanderplatz; es decir, en vísperas de la gran catástrofe que sacudiría a Europa, los personajes actúan como si la ignorancia, casual o intencionada, de la catástrofe futura les eximiera de los sucesos que estaban a punto de desencadenarse.

     

    La acción si sitúa, pues, en un marginal reino de la apariencia en el que la distinción que procura la inutilidad es la norma a seguir, en un tiempo de crisis, de cambio, en el que la burguesía es el territorio de lo que se es, mientras que la aristocracia es el de lo que se ha sido.

     

    Las magistrales descripciones de grupos de personajes consiguen captar tanto el ambiente de la situación descrita como las características de los personajes relevantes para la acción mediante la focalización en primeros planos de los protagonistas de cada escena y aperturas casuales del plano para recoger a los personajes secundarios -como hace, por ejemplo, en la descripción de la entrada de la actriz americana y de su séquito en el bar de Charley-, todo ello medido al milímetro para que la atención del lector pueda percibir aquello que le interesa al narrador que sea percibido pero no se distraiga con lo accesorio.

     

    Este narrador lúcido, incontinente, socarrón y provocador, alterna esas detalladas descripciones con desopilantes reflexiones, citas eruditas, llamadas de atención a su interlocutor y digresiones personales en las que nos informa de sus opiniones, de sus creencias, se justifica o se excusa, y emite su juicio sobre unos personajes a los que sólo podemos conocer a través de su interesada mirada.

     

    (Continua)


  • Edipo en Stalingrado II

    Joan Flores

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    (Continuación)

     

    Si es cierto que Traugott von Yassilkovski debería formar parte de la galería de la fama de los personajes de la literatura del siglo XX, junto con los protagonistas de Musil, BánffyHeimito von Doderer, por ejemplo, el innominado narrador de Edipo en Stalingrado tiene méritos suficientes para figurar en la nómina de los narradores estrafalarios que podría encabezar, quizás, Tristram Shandy.

     

    Esa retórica paródica que se traspasa a ciertos personajes cuando cita sus palabras, el uso indiscriminado de los lugares comunes del discurso rancio y anacrónico, el refuerzo y fijación de las caricaturas de los protagonistas y, en fin, su pérfido cinismo, es precisamente lo que le hace tan entrañable:

     

    "¿Qué es en nihilismo, por favor? Una enfermedad del siglo para caballeros. La gonorrea como vivencia interior. Y de su progenitora, la estética literaria, de esa fulana no puede curarse uno con un par de inyecciones de penicilina cristiana, estimado señor."

     

    Edipo en Stalingrado es otra crónica de una sociedad que se enfrenta, inconscientemente, a su desaparición. "El bueno y antiguo espíritu prusiano" es reclamado y adorado con la altivez del que se cree miembro de un club exclusivo y eterno, ajeno al presente y negando por omisión un ineluctable futuro en el que no quiere creer; que, sin embargo, avanza, implacable, ignorando las ruinas de un pasado que, por no ofrecer, ni siquiera se resiste.

     

    Un personaje, prácticamente mudo hasta las tres cuartas partes del libro, sobrevuela las explicaciones del narrador, se filtra en sus digresiones, y va tomando forma, igual que se condensa un vapor por efecto de la temperatura, hasta que su presencia, antes citada pero disuelta entre la clientela fiel del bar de Charley, se hace patente con sus autorizadas intervenciones: es "el doctor", experto en "la ciencia del fisgoneo del alma a través de la cerradura y la de husmear en las ropas íntimas de los demás...", de cuya identidad nos da la pista definitiva el título del libro, el poseedor de esa "amable sonrisa de basilisco [con la que mira] a los ojos de su víctima", que es objeto de la inspirada sorna del narrador cuando le adjudica la invención de "un producto depilador que al mismo tiempo sirve como tónico para el crecimiento del cabello".

     

    A lo largo de sus trescientas páginas, la narración avanza, potente, exuberante, supliendo, intencionadamente, por supuesto, la acción continua por un estilo rico, complaciente, inundante, irrefrenable, hacia un final no por complejo menos inesperado, síntesis de un modo de hacer literatura típicamente centroeuropeo.


  • Manuales de estilo

    Joan Flores

    Tratado de la vida elegante. Honoré de Balzac. Editorial Impedimenta. Traducción de Lluís Maria Todó

    El arte de pagar sus deudas sin gastar un céntimo. Honoré de Balzac. Editorial Espuela de Plata. Traducción de Jürgen Jencquel

    "Mientras más se debe, más crédito se obtiene."

    Nunca debería buscarse excusa alguna para volver a los clásicos; a Balzac, por ejemplo, para los lectores francófilos, como a los otros dos componentes de la trinidad novelesca francesa, Flaubert y Zola, aunque sea por la única razón, a pesar de que existen muchas otras, de su significancia como hito indiscutible, cada uno en su especialidad, de la novela europea contemporánea. 

    Puede que haya sido la casualidad la responsable de que hayan coincidido en el tiempo la segunda edición de El arte de pagar sus deudas y de satisfacer a sus acreedores sin gastar un céntimo en diez lecciones o Manual de Derecho Comercial para uso de gente arruinada, deudores, desempleados y demás consumidores sin dinero ( L'art de payer ses dettes et de satisfaire ses créanciers sans débourser un sou, 1827), escrito por el turonense en colaboración con Émile Marco de Sain-Hilaire, y el Tratado de la vida elegante ( Traité de la vie élégante  (1830), primera de las tres partes, que completarían Teoría de los andares (Théorie de la démarche, 1833) y  Tratado de los excitantes modernos (Traité des excitants modernes, 1839)   de la serie Patología de la vida social (Pathologie de la vie sociale) de "La Comedia Humana" (La Cómedie humaine).

    Humor inteligente no exento de crítica en ambos casos, cinismo contemporáneo en unos textos que, a pesar de los años transcurridos desde su redacción, cumplen a la perfección con la característica con que dotaba Italo Calvino a los clásicos: su permanencia. En estos tiempos de economía ficticia y culto al aspecto exterior,  leer a Balzac es uno de los placeres que ni la crisis crediticia ni la tiranía de la imagen pueden malograr.


  • Punto de fuga

    Joan Flores

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    Punto de fuga. David Markson, Editorial Verdehalago

    Traducción de Verónica Martínez Lira y Adriana Rieta Lira

    "No lineal. Discontinuo. Como un collage. Un montaje.  Como ya es más que evidente [...] Una no semificción semificcional. Tercamente intertextual y de sintaxis interconectiva críptica. Es probable, a estas alturas, más que obvio; de cierto, para el lector atento."

    Arropado, tal vez a su pesar, por el impreciso término de "escritor postmoderno", contemporáneo de monstruos como John Updike o Philip Roth, hermanado con una generación literaria de transgresores de la talla de David Foster Wallace o Kurt Vonnegut, David Markson fue un escritor inusual en una época en la que la búsqueda incesante de nuevos caminos para el género llevó a selvas impenetrables o a atajos sin salida. Calificado por parte de la crítica como otro "escritor para escritores", es autor de una obra reducida pero no por ello menos influyente, y sistemáticamente ignorado por los editores en lengua española, idioma en el cual apenas puede accederse, en librerías de segunda mano, a su obra cumbre, La amante de Wittgenstein (Wittgenstein's Mistress, 1989; " A work of genius . . . an erudite, breathtakingly cerebral novel whose prose is crystal and whose voice rivets and whose conclusion defies you not to cry", D. F. Wallace dixit) , editada sin pena ni gloria al final de los años 80. En estos días, siete años después de su publicación en la lengua original, la editorial mexicana Verdehalago pone al alcance del lector en español este Punto de fuga (Vanishing Point, 2004), texto que pertenece a la la tetralogía que se ha llamado "The Notecard Quartet", que completan  Reader?s Block , 1996,  This Is Not a Novel , 2001, y The Last Novel , 2007.

    Punto de fuga es, pues, un texto raro, un híbrido entre un libro de citas, una colección de aforismos (no moralizantes: Pascal no aparece por aquí, ni tampoco Lichtenberg, menos aún Vauvenargues), una relación de ocurrencias, un work in progress continuo sin objetivo explícitamente definido pero que, a pesar de esa fragmentación, se revela como un texto unitario y potente que explora y explota, en su conjunto, los recursos más escondidos de la narrativa contemporánea, experimento fructífero de deconstrucción de la trama novelesca clásica a partir de unas supuestas notas originalmente destinadas a ser el germen de una novela que nunca fue. Una enciclopedia crítica erudita y laberíntica de la historia de la cultura en la que cada fragmento podría inspirar por sí mismo un texto de la que no salen indemnes ni los actores ("Hannah Pritchard, la más fina actriz trágica del siglo XVIII, nunca leyó un libro. Una idiota inspirada, la llamó Johnson"), ni los filósofos ("De la verdad interior y de la grandeza del nazismo habló Martin Heidegger"), ni las religiones ("Asnos que cargan muchos libros. Como Mahoma, quien no sabía leer ni escribir, calificó a los judíos"), ni los críticos literarios ("No hay críticos ingleses de peso que consideren a Mr. Joyce un autor importante. Dijo Edmund Gosse, dos años después de la publicación de Ulises"), ni el sistema educativo ("Un análisis por computadora prueba que las lecturas asignadas de las escuelas superiores modernas son menos difíciles que las que leía el Autor cuando estaba en octavo grado");  y con jugosas anécdotas referidas a su propio gremio, el de los escritores:   "La probabilidad de que James Joyce y Lenin intercambiaran chistes. En el C afé Odeón de Zurich, en 1915, donde ambos pasaban mucho tiempo";  "Había 945 libreros en París en 1845";  "La lectura o no lectura de ningún libro nunca ha mantenido abajo ninguna falda. Dijo Byron";  "La teoría de que la mayoría de los editores son escritores frustrados. A lo que Eliot añadió: también lo son la mayoría de los escritores";  "No los entiendo. Para mí eso no es literatura. Dijo Corman McCarthy de Henry James y Marcel Proust"; "Tonterías de estudiantes. Dijo Edith Wharton de Ulises".


    Una lectura fresca, excitante, sugerente, desafiante, imprescindible. No se la pierdan.


  • París insólito

    Joan Flores

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    París insólito . Texto de Jean-Paul Clébert, fotografías de Patrice Molinard. Editorial Seix BarralTraducción de Javier Albiñana

    En el año 1952, un antiguo miembro de la resistencia pero absolutamente desconocido como escritor, Jean-Paul Clébert

    "Mi aspecto me preserva por fortuna de la ofensiva denominación de intelectual o, lo que es peor, de existencialista, esa palabra deformada hasta la caricatura por una gilipollez evidente que abarca al calificador y al destinatario", 

    publicó en la editorial Denöel un texto inclasificable, entre la cour des miracles y el descenso a los infiernos, (Paris insolite), a medio camino entre el ensayo autobiográfico -aunque  Clébert no juzga, describe, por más que en el tono de su discurso asome una indisimulable simpatía por la colección de seres marginales que, apenas enumerados, se convierten en los verdaderos protagonistas de sus páginas- ; la guía insólita de la ciudad de París, aunque que no se trataría tanto de una guía de París como de una guía de la vida de París

    "Uno podría atravesar París de parte a parte no recorriendo más que calles pintorescas, a condición de saltarse las avenidas y de taparse ojos y oídos en los cruces para dirigir por otro lado el paso de las caravanas, y sin atisbar nunca ninguna curiosidad clasificada, sin necesidad de evocar la historia para animar las viejas piedras y emocionar el corazón de los visitantes mediante recuerdos más o menos artificiales, con emociones de guía Baedeker o Joanne";

    y algo a lo que dio en llamarse "novela aleatoria", concepto que fue explotado, con posterioridad, por algunos de los integrantes del OuLiPo. Dos años después, se reeditó el texto, cuya publicación había tenido un éxito relativo pero inesperado, combinado con las fotografías que Patrice Molinard, representante de la corriente de los "photographes humanistes", documentalista e inspirador del realismo social en las artes plásticas, tomó en algunos de los escenarios donde transcurría el texto original, y que recorrió con el autor a tal fin. El resultado fue este excelente -a falta de mejor calificativo- artefacto reeditado en Francia el año 2009 y recién traducido al castellano.

    Verdadero reportaje sobre el terreno, exploración de París con la premura del clochard, para quien la velocidad es indispensable -como apología de la carencia y la positividad de la negación: "la gente de mi profesión, apto para nada y dispuesto a todo", aquel que no reconoce ningún lugar como propio,"el tío que se encuentra en casa dondequiera que esté"- ya que su hogar es el vagabundeo, pero a quien nadie le quita esa agradable sensación del regreso, sin pretensiones de exhaustividad ni de objetividad; captación del instante fugaz que constituye por sí solo la acción; sucesión dramática de instantáneas que revelan el mundo que subyace en los márgenes de la gran ciudad en tiempos en que lo que distingue a las urbes modernas no son los populosos centros que han perdido su identidad en manos de los grandes ejes comerciales y el lujo uniformizante, sino los barrios periféricos, verdaderos tensiómetros del pulso de la vida real: "el espectáculo está en la calle"; una Odisea, ¿por qué no?, en la que Ulises no tiene Ítaca a la que regresar ni Penélope que le aguarde... La materia del libro no tendría fin: las instantáneas no pueden reproducirse a lo largo del tiempo porque los lugares cambian con rapidez inusitada y los personajes, por las circunstancias pero también por su propia y peculiar idiosincracia, son irrepetibles. Existe, por supuesto, más poesía en el horror que en la opulencia, más aventura en el vagabundeo que en el tranquilo paseo; sólo donde no existe la historia, o se vive al margen de ella, es posible el cambio.

    El campo narrativo es el inclasificable suburbio, tomado este término en su sentido más laxo, pues es difícil su delimitación geográfica. Por una parte, es esa zona que limita con claridad en su interior con el centro de la ciudad, a veces mediante un barrio, otras veces con una sola calle, pero cuyo límite exterior acostumbra a ser más difuso ya que crece por agregación, y este crecimiento nunca es ni planificado ni regular. Por otra parte, existe también todo un mundo oculto en los bulevares más lujosos, en los sótanos, en los intersticios de las terrazas, en las trastiendas, en el cuarto o quinto planos, ocultos, sólo para iniciados, cuyo ejemplo más notorio, la arqueología del cual muestra el texto, sea el barrio de Les Halles , la invasión de la capital por el barrio suburbial, la conquista del centro por el margen, la colonización en la que el cambio del entorno físico no ha podido acabar con el ambiente anterior, puede que debido a que, a veces, los outsiders poseen una extraña persistencia.

    Las fotografías no enseñan: dejan ver. No se trata de ilustraciones al uso que complementen el trabajo escrito ni de otro espejo que refleje la misma realidad: constituyen una historia en sí misma, paralela, en la que el lenguaje no es la única diferencia.

    París insólito es un libro peculiar, no hay duda, a veces hilarante como una borrachera, a menudo crudo como una ráfaga de cierzo en Enero, pero muy recomendable, y no sólo por su singularidad.


  • Las grandes familias I

    Joan Flores Constans

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    Traducción de Amparo Albajar

    En plena I Guerra Mundial, algunos miembros de dos de las familias más poderosas de Francia, "de la aristocracia, de las finanzas, del gobierno, de la literatura..." se han congregado en una habitación de maternidad para compañar al nacimiento de quien está llamado a heredar de todo este brillo.

    "Entonces, por encima de los cuellos postizos, rígidos y lustrosos, las cabezas se asomaron, inclinaron sus hinchazones, sus arrugas, sus párpados purpúreos, sus frentes moteadas, sus grandes narices grumosas, sus inmensas orejas, sus mechones amarillentos y sus cabellos erizados, y soplaron sobre la cuna el aliento de sus bronquios gastados, de sus cuarenta años de cigarro, de sus bigotes y de sus dientes arreglados, para observar los deditos que apretaban, que pellizcaban la piel fina del dedo del abuelo, parecida a la membrana de los gajos de la mandarina."

    Una reunión de viejos y cansados dinosaurios al borde de la extinción, que contemplan asombrados al que adivinan el último ejemplar de la especie, vana esperanza de supervivencia, como si el equipamiento genético y mundano con que nace ese nuevo individuo fuera suficiente para sobrevivir en un mundo que enfilaba la senda del cambio inaplazable en el que el depósito del poder, por una cuestión de pura y simple adaptación pero también porque el poder es un ente autónomo, un parásito que busca siempre el huésped con mayores probabilidades de supervivencia, estaba a punto de pasar de las manos de esos individuos poderosos pero anquilosados e incapaces de adaptación a las de otras especies con menor carga genética, más rápidos, más moldeables, con no menos pero sí distintos escrúpulos y más capaces de hacer frente a las cambiantes expectativas, cuya llegada se adivinaba bajo las alarmas antiaéreas, el ruido de las hélices del Hindenburg, las cortinas corridas que protegían la tenue luz de las bujías, y la resistencia a aceptar la desaparición de un mundo exhausto. Este cuadro, a modo de prólogo, constituye el poderoso arranque de Las grandes familias.

    Druon gestiona de forma magistral los tiempos narrativos, no sólo los que puntean el transcurso de la acción, de modo que no quede alterado el ritmo que parece preestablecido por la naturaleza de la trama, sino también el que regula el flujo de información que la lectura, que debe mantener un ritmo pausado para no perderse ningún detalle, ofrece al lector. Así, después del prólogo localizado en el hospital donde nace el heredero, y como si quisiera confirmar el relevo del que se ha hablado antes, el primer capítulo narra la muerte de Jean, el poeta de la familia La Monnerie, construyendo un magnífico contrapunto del prólogo y una adecuada introducción al universo de esas grandes familias a las que hace referencia el título, familias nada comunes que, como es natural, celebran funerales nada comunes.

    "En los entierros pobres, en que sólo unos cuantos parientes siguen el coche fúnebre, el muerto parece mendigar piedad en su camino. Aquí, por el contrario, parecía rechazar el homenaje. Pasaba despectivo entre dos filas alineadas en su gloria, acostado bajo su sombrero de plumas, como un cadáver magro que ha vivido demasiado tiempo para dejar verdaderas penas."

    Tal vez los jóvenes no lleguen a darse cuenta porque su experiencia del mundo es corta; o porque han estado tan inmersos en este mundo que no tienen referencias para hacer comparaciones; pero lo que es evidente es que los tiempos están cambiando, y cambiando a peor, o al menos esa es la opinión unánime de los ancianos esos que sí han conocido los tiempos de esplendor, en los que cada cosa y sobretodo cada uno estaban en su sitio. Y tal vez el síntoma más evidente de ese empeoramiento sea que ahora les suceden cosas que antes sólo sucedían a los individuos ajenos a su posición, a la plebe, como el embarazo no deseado de una virgen de la familia, o un intento de suicidio, cuando es tan evidente que

    "En las familias como la nuestra no se suicida uno. ¡Eso se deja para los burgueses y los artistas!".

    Aunque, en realidad, no todo está perdido, pues mientras esas excelentes y excelsas personas del pasado sigan con vida, seguirán existiendo los viejos remedios para afrontar los nuevos desafíos: así, si una sobrina casquivana queda embarazada de un don nadie, y sus estúpidos prejuicios modernos le impiden el "arreglo" que convendría para que la familia no sea el hazmerreír de todo París, siempre existirá el antiguo admirador, ahora un anciano solterón, con una buena renta, para echaer mano de él a fin de resguardar el honor del apellido. Y, para cerrar el círculo, que la amante del difunto tío de la embarazada acabe siendo la amante del desafortunado progenitor: la encinta de alta cuna con el solterón rico, y la ex-amante con el joven advenedizo, cada oveja con su pareja y todo en orden: cada uno en su sitio, como debe ser.

    Sin embargo, mantener el estatus acostumbra a tener un precio; cuando el más impresentable pisaverde, sea éste un mero arribista o un bastardo que cree que su nacimiento le otorga las mismas prebendas que a la descendencia legítima, obtiene sus migajas de poder, es preciso volver a ponerle en su lugar, independientemente de las contrapartidas que la situación exija: un paso por el filo de la bancarrota o el suicidio de aquel hijo en que se habían depositado las esperanzas acumuladas de todas las generaciones anteriores, y cuyo error consistió en adelantarse al curso de los acontecimientos con la pretensión de dar por jubilado al patriarca que presume todavía de sus facultades.

    Arriesgadas operaciones bursátiles, matrimonios de conveniencia, odios de generaciones soterrados bajo el disimulo de la coyuntura... El mundo de la aristocracia y de los grandes negocios reportado por unos de los personajes más influyentes de la escena cultural y política francesa, con un estilo narrativo directo y preciso, el estilo de la gran novela realista francesa -es inevitable la referencia a la balzaquiana Comedia humana (Comédie humaine)-, es decir, de la última gran novela europea.


  • Las grandes familias II

    Joan Flores Constans

    Traducción de Amparo Albajar
     

    Ha transcurrido cierto tiempo desde el final de Las grandes familias -y es de sobras conocido a cuan diferente velocidad ocurre eso: con una lentitud exasperante, "a paso de tortuga", para los niños, a un ritmo sostenido para los adultos, o tan deprisa que no da tiempo a percibir el transcurso para los ancianos- y el declive físico para los miembros de la primera generación se hace cada vez más evidente, pero el mantenimiento del estatus económico y, consiguientemente, social les proporciona la ilusión de que todo sigue "como en los buenos tiempos", sea en las relaciones con los criados y con los demás individuos ajenos a su clase, sea en el seguimiento de una cacería que hace un cegado Marqués de La Monnerie, incapacitado para tomar parte efectiva en ella, mediante una maqueta a escala de los campos de caza.

    "Era como si el Marqués cazara realmente, tras la pista del animal fugitivo y astuto. Las palmas de sus manos y las falanges de sus dedos reinaban sobre millares de hectáreas de provincia. Sus dedos, agitados sin cesar por espasmos, descendían a los valles, saltaban por las colinas, le transmitían la textura afieltrada de una avenida verde, la polvareda de la tierra bajo el galope de los caballos y las salpicaduras de los vados. Escuchaba los ladridos de sus perros; medio alzado sobre los estribos, tocaba la trompa para mandar desemboscar o cambiar de bosque, y las notas de desplegaban tras él como banderolas doradas... Tenía tanto calor que hubiera querido sacar el pañuelo para enjugarse el cuello."

    Pero la realidad es que la sociedad está sujeta a algo parecido al equilibrio homeostático: cuando las circunstancias, en su acepción más amplia, cargan contra la clase dominante derribándola de su sitial, encumbra también a una nueva clase hasta la posición que ha quedado libre. En la Francia de entreguerras, la antigua aristocracia va perdiendo terreno frente a la burguesía, frente a los nuevos profesionales liberales bien relacionados y a los advenedizos medradores: "tenacidad, astucia y egoísmo".

    "[Sus aspiraciones] exigían borrar el recuerdo del padre borracho, instalar a la madre en una dignidad semiburguesa y hacer desaparecer al hermano idiota. [...] Simon sabía que el presente de un hombre afortunado se impone siempre a su pasado, y que el éxito incluso puede borrar el crimen."

    Frente al injusto mérito legado por el nacimiento, el "democrático" mérito del hombre hecho a sí mismo:

    "Tenía la impresión de ser su propio genitor, y no reconocía más antepasados que la universidad, las antecámaras de los ministerios, las salas de redacción y los gabinetes de gobierno."

    Es posible que el certificado de defunción del ancien status quo lo acabe firmando el cercano auge del capitalismo especulativo. La posesión de los medios de producción ya no es ninguna garantía ante el especulador que con pequeños paquetes de acciones de grandes compañías, y debido a la dispersión del capital que cotiza en bolsa, no sólo tiene asiento reservado en los consejos de administración, sino que posee el derecho de decir la última palabra en cualquier proceso de toma de decisiones.

    "[...] Hoy en día todo el capitalismo se basa en dos cosas: en primer lugar, lo que se llama el control, es decir, una situación de hecho que da la dirección absoluta de una sociedad anónima a aquel que no posee más que entre el diez y el quince por ciento de las acciones [...]; y en segundo lugar, la posibilidad de que una sociedad anónima tenga acciones de otra sociedad y, por tanto, pueda adquirir su control."

    Esa nueva situación, la entrada en escena de esos nuevos actores que reclaman para sí el papel protagonista, es la que provoca, tras cien años de prosperidad, el hundimiento de las grandes familias industriales y financieras ancien régime y encumbra a los espías, los conspiradores, esos personajes intelectual y productivamente insignificantes cuya mayor virtud es saber cambiar a tiempo la sombra de un árbol por la sombra de otro: es el triunfo del arribismo y de la mediocridad. Estamos en 1929, y no sólo las grandes figuras de la economía y de la política desaparecen, también amanecen los días de un nuevo orden mundial.

    "Una nueva generación, que había perdido un millón y medio de los suyos en los campos de batalla, se encaramaba al poder, pero en medio de la desorganización de la economía mundial, sólo tendría tiempo para preparar los nuevos desastres."


  • Las grandes familias III

    Joan Flores Constans

    Traducción de Amparo Albajar
     

    Cita en los infiernos es el tercer volumen que, tras Las grandes familias  y La caída de los cuerpos, concluye la trilogía de Maurice Druon.

    Pocos individuos quedan al margen del alud del tiempo, que arrastra por igual a los potentados que a los desposeídos. Algunas de las que logran sobrevivir a la vorágine generacional, junto a las personas de más baja extracción, que no tienen ningún motivo para perdurar, y los que detentas cierta clase de poder acorde con los tiempos, insensible a las veleidades de la inmediatez, son las amantes, que consiguen la permanencia simplemente cambiando de favorito.

    "Es el relevo, amigo mío [...]. Esos muchachos aprenden de nuestras amantes lo que ellas aprendieron en nuestras camas. Así es como se transmite la ciencia del amor desde la noche de los tiempos. Algún día ellos enseñarán a mujeres que ni siquiera han nacido caricias que creíamos haber inventado nosotros. Y nosotros ya estaremos disueltos en la tierra...".

    Esas amantes, apenas adolescentes, que fueron poco más que damas de compañía para unos abuelos que debían limitarse a observar su insultante juventud, se convirtieron en compañeras sexuales, en su plenitud, de la generación de los padres, y ahora, con más edad de la que aparentan, y conscientes de sus desventajas ante la explosión de belleza de sus rivales más jóvenes, juegan con los nietos y, con la sabiduría y las experiencia acumuladas y cuando en verdadero atractivo hace años que las ha abandonado, se limitan a iniciarles " en la perversión".

    Esos nietos crecen, se hacen adultos, y la versión del mundo que les habían explicado sus mayores, los últimos de los cuales van desapareciendo llevándose consigo su concepción de la existencia, se desvanece entre el ruido de los automóviles y el de los tambores de guerra que, nuevamente, retumban en la vieja y cansada Europa.

    "Usted y yo nos parecemos a esos [...] arroyos de agua vieja que arrastran los detritus de los siglos y del mundo, y que serpentean entre el polvo sin mezclarse siquiera con él, que dibujan su pequeña geografía estéril y que van a terminar no se sabe dónde, sin utilidad para nadie. [...] Frutos averiados de una civilización decadente."

    La pendiente que conduce a la degradación es insoslayable; no es tan solo que sea imposible seguir descendiendo; perdida la fortuna, el siguiente paso es pisotear el honor. La salvación es imposible porque se ha avanzado demasiado en el camino de la perdición, porque a veces el pecado no puede redimirse, porque hay ocasiones en las que es imposible rogar por una segunda oportunidad.


  • En lo más profundo del laberinto narrativo

    Elisabeth Massana

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    Plantes d’interior (Empúries, 2011) es el tercer libro de relatos escrito por Borja Bagunyà, joven escritor –por edad más que por la retahíla de asunciones que se hacen cuando alguien es etiquetado como joven escritor– que sorprende una vez más por su madurez narrativa, y nos muestra a un autor acostumbrado a hacerse (y hacernos) preguntas y poco tendente a ofrecer respuestas.


  • Por una causa justa / Tragedia y destino de la libertad

    Antonio

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    Una lectura superficial puede dar la impresión de que se trata de una simple novela bélica dedicada a consagrar la grandeza heroica del pueblo ruso y en particular la gloria del Ejercito Rojo. Pero Por una causa justa no es, o no es tan sólo, una epopeya bélica; es más bien, con toda seguridad, una tragedia.


  • Historias fálicas

    Àngel Martín

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    Leo con cierta indiferencia en un periódico de esta semana que el Jardín Botánico de Berlín acoge una muestra tan rara como efímera de Amorphophallus titanum, cuya altura es de 1'99 metros. Sin embargo, no es necesario ir a Berlín para poder contemplar semejante portento. A menudo se nos escapa la riqueza de nuestro propio patrimonio. En la Real Academia de Ciencias de Barcelona, sita en el número 115 de la Rambla, se encuentra un formidable ejemplar de Phallus impudicus, que supera los dos metros de alto, petrificado mediante un procedimiento hidrolítico. Su descubridor, el ilustre barcelonés Amadeu de Montpalau, lo halló en los alrededores de Pratdip, en la comarca del Baix Camp, durante una famosa expedición anticarlista y lo trajo a la capital del Principado para que fuera objeto de estudio y de admiración. Según una crónica de la época, ya Francesc Castelló de Malla había encontrado uno de dos palmos y medio en Vic un siglo antes (s. XVIII). Por desgracia la precariedad de los medios científicos impidió su conservación. Para una descripción detallada y brillante del hallazgo de Montpalau remitimos al capítulo VI, segunda parte, de la Naturalis Historia, no de Plinio, sino de Perucho. Imprescindible la visita al Templo de las ciencias barcelonesas, el único de raíces verdaderamente ilustradas. 


  • La trampa

    Joan Flores Constans

    La acción de La trampa (Le piège, 1945) transcurre en Francia, en plena II guerra Mundial, cuando el país se halla dividido en dos: la parte Norte, la Francia "ocupada" , bajo administración alemana, y la parte Sur, la Francia liberada, administrada por el denominado " Régimen de Vichy ", una época de la historia reciente, y tema de multitud de novelas y ensayos, que el país no ha superado aún.  Joseph Bridet, periodista, un hombre común, más asqueado del régimen colaboracionista que  gaullista convencido, se prepara para escapar a Inglaterra y unirse a De Gaulle; con ese fin, recupera algunas amistades antiguas, bien relacionadas con el poder, para conseguir un salvoconducto. Lo que Bridet ni sabe ni puede adivinar es que esos contactos van a desencadenar una pesadilla que, al más puro estilo kafkiano, le conducirá gradualmente a la tragedia. 


  • En la juventud está el placer

    Jesús Casals

    En la juventud está el placer

    No ha hecho más que empezar el 2011 y entre las primeras novedades editoriales podemos encontrar ya a una seria candidata a la mejor novela del año. La editorial Alpha Decay acaba de editar, en su preciosa y cuidada colección “Héroes Modernos”, la novela En la juventud está el placer, del escritor inglés Denton Welch (1915-1948), con la que inaugura la “Biblioteca Denton Welch”.
     
    Sus obras son el reflejo de una dura infancia y juventud, marcada por la muerte de su madre, las largas estancias de su padre en Oriente, y un accidente de bicicleta a los veinte años que lo dejó parcialmente paralizado y que lo condujo a una prematura muerte a los treinta y tres años.
     
    En esos trece años desde el accidente a su muerte, Welch sufrió el infierno de los hospitales, pero también escribió unas cuantas novelas autobiográficas demostrando una extraordinaria madurez en su escritura.
     
    En la juventud está el placer, ambientada en los años previos a la Segunda Guerra Mundial,nos ofrece el relato de las vacaciones de verano del joven Orvil, un chico de quince años obligado a pasar unos días de descanso en un hotel del condado de Surrey (Inglaterra) junto a su padre (que vive el resto del año en Oriente, por trabajo) y a sus dos hermanos, Ben y Charles, a quienes ve ocasionalmente.
     
    Sin embargo, la distancia respecto a ellos y el anhelo de la madre muerta producen en Orvil una gran necesidad de libertad, de modo que desde el primer momento empezarán sus aventuras en solitario por los campos, los bosques y el río que rodean al hotel. Así, Orvil conocerá a extraños personajes, retratados por la magistral prosa de Welch, rica en matices, brillante en los detalles y preciosa en el lenguaje; y así nos atrapará a los lectores en un torrente imparable de imágenes, sensaciones y recuerdos hasta la última página. Una delicia.
     
    En la juventud está el placer
    Denton Welch
    225 páginas - 19 €
    Alpha Decay, 2011
    Traducción de Albert Fuentes
    Prólogo de Julio José Ordovás


  • Encarant el desamor

    Marta

    Segurament estic començant la casa per la taulada, però celebro i reconec com una bona idea editar aquestes tres novel·les d'Elena Ferrante juntes en un sol volum. I el títol és encertat: Crónicas del desamor.

    Son tres obres on l'estat de desassossec i trencament d'una dona l'arrossega a recorrer -com si d'una investigació pocial es tractes- els seus lligams familiars i amb si mateixa per admetre mentides, incapacitats i desconcerts, únic camí per posar en evidència el desencaix entre el que som, el que pretenem ser i el que s'espera que siguem. Amb una prosa destilada i crua, sovint envoltada d'una atmòsfera miratgesca, l'autora ens ve a dir que no cal que ens amaguem dels aspectes més ingrats que ens conformen. Ferrante, siguis qui siguis, gràcies per fer-nos veure amb la teva ficció, que hem d'apendre a conviure amb les nostres sortides més irracionals.


    Elena Ferrante Crónicas del desamor


  • A propósito de Piglia

    Laia Quílez

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    Ricardo Piglia se ha convertido hace tiempo en un nombre de referencia dentro de la narrativa (y también la crítica literaria) contemporánea latinoamericana. Arropado por una vastísima y rica tradición de la que han surgido otras loables escrituras -como la de Juan José Saer, César Aira, Alan Pauls o Martín Kohan, por citar sólo algunas-, Piglia es el artífice de novelas, cuentos y ensayos en los que el terreno de lo real y el de lo ficticio se mezclan en un mar indiscernible de creatividad, reflexión y perspicacia.

    El próximo martes, 7 de septiembre, a las 19.30h en La Central (C/ Mallorca, 237), el profesor y crítico literario Javier Aparicio Maydeu presentará la que de momento es la última novela de Piglia, Blanco nocturno, de nuevo un libro escrito bajo la forma de la crónica en la que reaparece esa especie de alter ego que es Emilio Renzi, el detectivesco y dislocado periodista que nace en La invasión y que se hace popular en Respiración artificial.

    Mañana, más. Sean todos bienvenidos.


  • Henry James, reeditado

    Laia Quílez

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    Varias son las editoriales (Navona, Páginas de Espuma, Alianza, Alba, Abada, Funambulista) que este año han apostado por reeditar a uno de los clásicos de la literatura de fin de siècle más leído y, también hay que decirlo, más adaptado a la gran pantall: Henry James.


  • Dickens, no falla nunca

    Marta

    Qué cosas pasan a menudo con los libros. Leyendo a Pynchon he entendido qué hace tan especial la obra de Dickens: "Solía leer a Dickens de chico. La crueldad no me sorprendía, pero sí me asombraban los momentos de bondad no recompensada, que nunca había visto fuera de las páginas de una ficción". Esto es Dickens, historias de vicios y virtudes de multitud de personajes yendo y viniendo por la sórdida vida de los barrios pobres de Londres, y todo lo que eso da de si a manos de la palabra escrita.


  • Edgar Hilsenrath, un gran descubrimiento

    Laia Quílez

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    La editorial Errata Naturae ha publicado no hace mucho (y dentro de la misma colección -La Mujer Cíclope- que nos ha hecho llegar los sueños de Franz Kafka) la que ha sido, para mí, una de las grandes revelaciones de la literatura surgida a partir del mal absoluto que fue la Shoah. Se trata de Fuck America, de Edgar Hilsenrath (Leipzig, 1926), un judío ateo que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y que a principios de los años 50 emigró a Estados Unidos para vivir (o, mejor dicho, malvivir) como escritor novel. Novela que podríamos tildar de autofictiva, Fuck America retrata precisamente su experiencia del exilio a través del personaje de Jakob Bronsky, un joven recién llegado a Nueva York que lleva a cabo trabajos temporales y actos picarescos para poder financiar la realización de su primera novela, El pajillero, una obra con la que pretende recuperar los traumas y olvidos derivados de su terrible experiencia en el gueto de Czernowitz y, de paso, hacerse rico y famoso.


  • Sueños para no dormir

    Jesús Casals

    La editorial Errata Naturae acaba de publicar una compilación (muy bien seleccionada) de sueños que Franz Kafka escribió en sus diarios (1910 - 1921) y en varias cartas a Milena, Felice y Max Brod, entre otros. Lejos de las antologías que, sin ton ni son, se centran en un tema, estos sueños del escritor alemán se leen como un breve conjunto de relatos interesante y entretenido.


  • Popurrí (pos)Sant Jordi

    Laia Quílez

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    Disculpen la amalgama de géneros literarios, editoriales, autores, estilos y temas sobre los que tengo la intención de hablar en estas líneas. Si algo tienen en común los títulos a los que voy a referirme a continuación no es más que el hecho de haberlos comprado y leído las semanas justamente anteriores y posteriores a la gran fiesta del libro que es la diada de Sant Jordi. Y el hecho de que todas ellas han sido, sin lugar a dudas, lecturas ciertamente placenteras.


  • Un paisaje magrebí

    Jesús Casals

    Aunque poco conocido en nuestro país, Abdelá Taia es un joven escritor marroquí que ha cosechado gran éxito en Francia. La edición de Mi Marruecos que publicó Cabaret Voltaire el pasado octubre ya ha sido reeditada, y además ha merecido el “Premio Cálamo Otra Mirada”.


  • Bilbao-New York-Bilbao con Kirmen Uribe

    Irma Amado

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    El pasado fin de semana me llevé a casa la novela de Kirmen Uribe. Cuando leí unas pocas páginas me di cuenta de mi error: una vez más me disponía a relegar lecturas académicas de la bibliografía obligatoria y anteponer la lectura de una novela.


  • Bajo nivel o el no lugar en la obra de Cortázar

    Laia Quílez

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    La obra de Cortázar podría definirse como un ovillo de infinitas puntas, como una cebolla de incontables capas, como un tablero de inacabables casillas, pero también, porqué no, como un sistema metropolitano de infinitas líneas, cada una de ellas con sus leyes inescrutables y a la vez explicativas y complementarias de los pasadizos restantes de este laberinto subterráneo. Así me gusta concebir gran parte de los relatos de este francés argentino, especialmente los escogidos para esta especie de viaje iniciático. Se trata de Manuscrito hallado en un bolsillo, Cuello de gatito negro y Texto en una libreta, relatos todos ellos que representan explícitamente este complejo sistema de interconexiones y transbordos, al situar gran parte de sus acciones en el submundo metropolitano.

    Evidentemente, Rayuela y 62 Modelo para armar suponen dos grandes puntales para la elaboración de mi recorrido cortaziano por los túneles del "subte". Ambas novelas son, a mi entender, el punto de partida y el final de una concepción de la ciudad y del espacio tan personal como cautivadora. Por otro lado, junto con Los Premios y El Perseguidor, dichas obras formulan, a su vez, nuevos no lugares paralelos a los que habitan, con una fuerza ciertamente protagónica, los tres relatos anteriormente citados. Así, además de los vagones del metro, en la novelística de Cortázar el puente, el tranvía, el barco, el hotel o las galerías no aparecen como un mero soporte indicial de la enunciación, ni siquiera como elementos creadores de atmósfera, sino como factores pragmáticos que se integran a niveles más profundos que el de la pura descripción.

    Cortázar siente la ciudad como algo que no se explica, sino que es. Y que es, por encima de todo, a partir de lo que no es, de los no lugares que la pueblan y, por decirlo de alguna manera, la resucitan, convirtiéndola en todas las ciudades-Ciudad a un mismo tiempo.  ?Mi ciudad es hoteles infinitos y siempre / el mismo hotel?, se sincera ese yo cortaziano en uno de sus poemas.  Espacios antropomórficos, el París y el Buenos Aires de Cortázar son tapices habitados por ?pasajeros sin figura?, por una masa compacta de la que es preciso diferenciarse y tomar distancia. De ahí que muchos de sus personajes (como Oliveira, Jhonny Carter, Lucho o Juan) sean cronopios de pies a cabeza, pues, igual que el niño o el convaleciente baudelerianos, gozan de una curiosidad insaciable, de un ansia por descubrir el reverso de las cosas y por extraer, de alguna manera, lo universal de la transitoriedad de los acontecimientos. Son personajes, en definitiva, que luchan por salir de la casilla habitual del juego de la vida, saltando a una situada más allá, más lejos, al otro lado, donde se encuentra, usando la metáfora de Oliveira, el kibbutz del deseo, el reino milenario, el hombre verdadero.

    Empecemos el viaje. Recorramos, como haría Cortázar, los vagones de su literatura sin saber adónde terminará nuestro vagabundeo. Zambullámonos en el laberinto de sus páginas sin otra fórmula pragmática que abandonarnos a ese vaivén que provocan, consciente y febrilmente, los infinitos reinos de un tablero cuyo final tiene que ser el Cielo.  


  • Imre Kertész o sobrevivir a la supervivencia

    Laia Quílez

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    En su ensayo Escribir después de Auschwitz, Günter Grass define la Shoah como un suceso monstruoso, como algo incomparable e injustificable que, como tal, se erige en la historia de Occidente mostrándose como una ruptura que marca un antes y un después, no sólo en el ámbito del arte, sino en el del pensamiento mismo.

    En este sentido, si algo puede decirse de aquellos que, sobreviviendo a los campos concentracionarios, dejaron por escrito su experiencia, es su intento de cavar, como en el poema de Celan, fosas en el aire. Cavar, porque se trata de un trabajo impuesto por la necesidad de hablar; fosas en el aire, porque en sus escritos, sea cual sea su género, su tono o su voz, se lucha con y contra el lenguaje, la memoria y el fragmento, para, al fin y al cabo, decir una muerte que nadie, ni tan solo ellos, puede conocerse nunca.

    Imre Kertész (Budapest, 1929), uno de los que dijeron y siguen diciendo Auschwitz, empezó su labor excavadora años después de sobrevivir a los campos de Auschwitz y Buchenwald. Hoy, con el respaldo y la pala de una gran institución como es la Academia Sueca ?grande porque gracias a ella casi la totalidad de sus obras han sido traducidas a varios idiomas- sigue cavando fosas en el aire, como él mismo pondrá en boca del narrador de Kaddish por el hijo no nacido. Fosas que aún y desvanecerse -como la novela de  Liquidación, que al decir por fin lo indecible es, precisamente por ello, destruida por el fuego-, se presentan ante el lector con toda la indecibilidad del horror pero con el horror mismo abierto de par en par.

    Como Primo Lévi, Jorge Semprún, Jean Améry o Ruth Klüger, Kertész sigue viviendo en el Lager; su experiencia concentracionaria no terminó con su liberación, sino que aquella constituye su presente, su vida misma y su escritura. El Auschwitz de después de Auschwitz es así la tierra del desarraigo y la desesperanza, cuya pervivencia forzará al auto-exilio y al brutal extrañamiento a quienes hayan padecido su experiencia. En Kertész, será precisamente este exilio interior, esta desesperanza y este resentimiento ante el mundo, la esencia de la mayor parte de sus personajes literarios; así, B. de Liquidación, el viejo de Fiasco o el narrador de Kaddish por el hijo no nacido, entenderán la vida como un Lager, en tanto que vida erigida sobre la memoria y, por lo tanto, sobre ?el presente del pasado?.


  • Sobre punctums y otras revelaciones

    Laia Quílez

    Anoche, releyendo La invención de la soledad, para mí uno de los mejores libros de Paul Auster, me topé con uno de esos fragmentos iluminadores que, como por arte de magia, se convierten en la llave que abre otros textos, otras intimidades escritas en otro tiempo y desde dispares latitudes. Se  trataba del pasaje en el que el protagonista y narrador –un personaje, por otra parte, que bien puede identificarse con el propio autor de esta ‘novela familiar’– descubre varias fotografías de su padre, un conjunto de instantáneas sobre cuya existencia hasta entonces él no tenía conocimiento. Tras observarlas con detenimiento, el escritor reconoce que «el hecho de que muchas de estas fotografías eran totalmente desconocidas para mí, sobre todo las de su juventud, me daba la extraña sensación de que lo veía por primera vez y de que una parte de él comenzaba a existir ahora. Había perdido a mi padre; pero al mismo tiempo lo había encontrado. Mientras mantuviera aquellas fotografías ante mi vista (…) sería como si estuviera vivo, incluso en la muerte».