Diario de lectura
Blog de La Central

Notas y reflexiones de nuestros libreros sobre lecturas, reediciones, novedades, proyectos editoriales y otros acontecimientos relacionados con el mundo del libro y las humanidades


  • Capitales Corporativos

    Carles X. Masdeu

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    El triste protagonismo que adquirió Berlusconi el pasado mes de diciembre a causa de la agresión sufrida en Milán, y por la compra del Grupo Mediaset de la Cadena Cuatro, me lleva a diferentes consideraciones que desembocan en la necesidad de llevar a cabo una ligera inmersión en los orígenes y desarrollo del violento y sangriento engranaje capitalista.

    ¿Qué mejor que hacerlo de la mano de uno de los más consagrados intelectuales del pensamiento alemán contemporáneo? La solución a la cuestión se llama: ?La balada de Al Capone. Mafia y capitalismo?, recopilación de un par de ensayos escritos por Hans Magnus Enzensberger a principios de los años sesenta, en los que hace uso de una selecta bibliografía de la época, y configura un relato de estilo y pulso narrativo excepcional.

    En el primer ensayo, ?La balada de Al Capone?, Enzensberger nos presenta la figura de Al Capone integrada en el capitalismo de los años veinte y treinta, en el ambiente de los Estados Unidos del crack del 29, y dentro de una lógica inherente al propio sistema. Analiza la mitología que se ha heredado sobre el gángster, y recupera sus componentes tradicionales para situarlo en un marco publicitario sobre su figura, producto que ha llegado a través de una especie de ?aura mitológica? hasta nuestros días. Tradición, religiosidad y feudalidad por un lado; lógica económica contemporánea y empresa capitalista por el otro. Al Capone logró personificar la fusión de estos elementos, de ahí el perdurable sentido mitológico de su imperio del poder:

    ?Ciertamente es una antiquísima asociación con reglas tradicionales; pero, al mismo tiempo, adquiere una sorprendente semejanza con las organizaciones del supercapitalismo, con los cárteles y trusts. Sus asambleas son tan secretas como las de una sociedad holding, su disciplina es tan severa como la de las más importantes firmas petrolíferas (?)? (p. 58)

    La segunda parte, "Pupetta o el fin de la Nueva Camorra" relata, en tono de crónica negra, los orígenes de la Camorra napolitana a través de dos crímenes perpetrados durante la década de los cincuenta en la avenida Corso Novara, en ruta y dirección a Nápoles. Este ensayo va desde las antiguas prácticas y relaciones de los vendedores de tomates, hasta su suplantación por las incipientes estrategias capitalistas de los nuevos empresarios del crimen organizado:

    ?Pasó ya la época de los bribonzuelos y asesinos de vía estrecha, de los Pasqualones y Espositos, la época del melodrama, de la ?Omertà?, de los ?guappos? generosos y desastrados. Eficientes empresarios, abogados y expertos en impuestos entraron en escena, se levantaron deslumbrantes edificios administrativos, otras armas desplazaron al palo y la pistola: convenios y letras de cambio, créditos y cláusulas. Eran más eficaces. (...). Entendían algo de finanzas, detrás de ellos estaban las fábricas de conservas y los bancos de exportación, los industriales del norte y los capitalistas de Roma. Y vencieron a la Camorra, a la vez que proseguían su obra, la obra de la explotación. La vencieron sin derramamientos de sangre. Derramar sangre era anticuado?. (p. 107-108).

    En este caso, Enzensberger insiste también en los canales de aceptación y legitimación social (el silencio) y el absurdo del sistema judicial (el complot de la Omertà).


  • Bilbao-New York-Bilbao con Kirmen Uribe

    Irma Amado

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    El pasado fin de semana me llevé a casa la novela de Kirmen Uribe. Cuando leí unas pocas páginas me di cuenta de mi error: una vez más me disponía a relegar lecturas académicas de la bibliografía obligatoria y anteponer la lectura de una novela.


  • Bajo nivel o el no lugar en la obra de Cortázar

    Laia Quílez

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    La obra de Cortázar podría definirse como un ovillo de infinitas puntas, como una cebolla de incontables capas, como un tablero de inacabables casillas, pero también, porqué no, como un sistema metropolitano de infinitas líneas, cada una de ellas con sus leyes inescrutables y a la vez explicativas y complementarias de los pasadizos restantes de este laberinto subterráneo. Así me gusta concebir gran parte de los relatos de este francés argentino, especialmente los escogidos para esta especie de viaje iniciático. Se trata de Manuscrito hallado en un bolsillo, Cuello de gatito negro y Texto en una libreta, relatos todos ellos que representan explícitamente este complejo sistema de interconexiones y transbordos, al situar gran parte de sus acciones en el submundo metropolitano.

    Evidentemente, Rayuela y 62 Modelo para armar suponen dos grandes puntales para la elaboración de mi recorrido cortaziano por los túneles del "subte". Ambas novelas son, a mi entender, el punto de partida y el final de una concepción de la ciudad y del espacio tan personal como cautivadora. Por otro lado, junto con Los Premios y El Perseguidor, dichas obras formulan, a su vez, nuevos no lugares paralelos a los que habitan, con una fuerza ciertamente protagónica, los tres relatos anteriormente citados. Así, además de los vagones del metro, en la novelística de Cortázar el puente, el tranvía, el barco, el hotel o las galerías no aparecen como un mero soporte indicial de la enunciación, ni siquiera como elementos creadores de atmósfera, sino como factores pragmáticos que se integran a niveles más profundos que el de la pura descripción.

    Cortázar siente la ciudad como algo que no se explica, sino que es. Y que es, por encima de todo, a partir de lo que no es, de los no lugares que la pueblan y, por decirlo de alguna manera, la resucitan, convirtiéndola en todas las ciudades-Ciudad a un mismo tiempo.  ?Mi ciudad es hoteles infinitos y siempre / el mismo hotel?, se sincera ese yo cortaziano en uno de sus poemas.  Espacios antropomórficos, el París y el Buenos Aires de Cortázar son tapices habitados por ?pasajeros sin figura?, por una masa compacta de la que es preciso diferenciarse y tomar distancia. De ahí que muchos de sus personajes (como Oliveira, Jhonny Carter, Lucho o Juan) sean cronopios de pies a cabeza, pues, igual que el niño o el convaleciente baudelerianos, gozan de una curiosidad insaciable, de un ansia por descubrir el reverso de las cosas y por extraer, de alguna manera, lo universal de la transitoriedad de los acontecimientos. Son personajes, en definitiva, que luchan por salir de la casilla habitual del juego de la vida, saltando a una situada más allá, más lejos, al otro lado, donde se encuentra, usando la metáfora de Oliveira, el kibbutz del deseo, el reino milenario, el hombre verdadero.

    Empecemos el viaje. Recorramos, como haría Cortázar, los vagones de su literatura sin saber adónde terminará nuestro vagabundeo. Zambullámonos en el laberinto de sus páginas sin otra fórmula pragmática que abandonarnos a ese vaivén que provocan, consciente y febrilmente, los infinitos reinos de un tablero cuyo final tiene que ser el Cielo.  


  • Imre Kertész o sobrevivir a la supervivencia

    Laia Quílez

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    En su ensayo Escribir después de Auschwitz, Günter Grass define la Shoah como un suceso monstruoso, como algo incomparable e injustificable que, como tal, se erige en la historia de Occidente mostrándose como una ruptura que marca un antes y un después, no sólo en el ámbito del arte, sino en el del pensamiento mismo.

    En este sentido, si algo puede decirse de aquellos que, sobreviviendo a los campos concentracionarios, dejaron por escrito su experiencia, es su intento de cavar, como en el poema de Celan, fosas en el aire. Cavar, porque se trata de un trabajo impuesto por la necesidad de hablar; fosas en el aire, porque en sus escritos, sea cual sea su género, su tono o su voz, se lucha con y contra el lenguaje, la memoria y el fragmento, para, al fin y al cabo, decir una muerte que nadie, ni tan solo ellos, puede conocerse nunca.

    Imre Kertész (Budapest, 1929), uno de los que dijeron y siguen diciendo Auschwitz, empezó su labor excavadora años después de sobrevivir a los campos de Auschwitz y Buchenwald. Hoy, con el respaldo y la pala de una gran institución como es la Academia Sueca ?grande porque gracias a ella casi la totalidad de sus obras han sido traducidas a varios idiomas- sigue cavando fosas en el aire, como él mismo pondrá en boca del narrador de Kaddish por el hijo no nacido. Fosas que aún y desvanecerse -como la novela de  Liquidación, que al decir por fin lo indecible es, precisamente por ello, destruida por el fuego-, se presentan ante el lector con toda la indecibilidad del horror pero con el horror mismo abierto de par en par.

    Como Primo Lévi, Jorge Semprún, Jean Améry o Ruth Klüger, Kertész sigue viviendo en el Lager; su experiencia concentracionaria no terminó con su liberación, sino que aquella constituye su presente, su vida misma y su escritura. El Auschwitz de después de Auschwitz es así la tierra del desarraigo y la desesperanza, cuya pervivencia forzará al auto-exilio y al brutal extrañamiento a quienes hayan padecido su experiencia. En Kertész, será precisamente este exilio interior, esta desesperanza y este resentimiento ante el mundo, la esencia de la mayor parte de sus personajes literarios; así, B. de Liquidación, el viejo de Fiasco o el narrador de Kaddish por el hijo no nacido, entenderán la vida como un Lager, en tanto que vida erigida sobre la memoria y, por lo tanto, sobre ?el presente del pasado?.


  • Digitalizar / Democratizar

    Antonio Ramírez

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    Digitalizar y democratizar. Presente y futuro del libro y las bibliotecas visto  por Robert Darnton


  • Pero también ilustrados

    Abel Cutillas

    La aparición del cuarto volumen de la contrahistoria de la filosofía de Michel Onfray, dedicado a los ilustrados más o menos outsiders, me hace volver a pensar en el señor de aquí encima, el barón de Holbach. El hombre fue uno de los cracks del XVIII, uno de los primeros "materialistas", si se me acepta la palabra. Sus escritos son propios de un griego antiguo, de un cínico antiguo, para precisar, y en ellos se dedica a desmontar toda creencia ingrávida, superstición y fanatismo. Hay una editorial francesa, Coda, que dedica energías intensas a publicarlo. Nos han llegado a la librería últimamente alguno de sus libros y lo tenemos de actualidad porque en 2008 Laetoli tradujo dos de sus obras al castellano, una de las cuales, el Sistema de la naturaleza puede considerarse el origen del materialismo ilustrado, muy cercana al célebre El hombre máquina de La Mettrie. Las Publicacions de la Universitat de València ya nos habían ofrecido en catalán su escrito más antirreligioso, El Cristianisme sense vels


  • Románticos, aún

    Abel Cutillas

     Quizá se trate de una mera coincidencia, pero alguno de los libros más interesantes que me han llegado a las manos últimamente tratan del Romanticismo. No es necesario destacar otra vez el incomparable estudio de Rüdiger Safranski publicado por Tusquets el año pasado. Este home todo lo que hace lo hace bien: profundo, preciso, entendedor, rico... Pero si fuera solo Safranski! Acaba de aparecer la primera traducción al castellano de uno de los libros más influyentes de su época, influyente no entre el gran público, pero sí entre los grandes escritores. Se trata del Obermann de Senancour. Una novela epistolar fabulosa editada por KRK. No se pierdan la introducción de Eduard Cairol, por si sola ya vale la pena.


  • Quien sabe si ángeles o demonios, ¡pero derrotados!

    Marta

    Por pura coincidencia temporal de publicación, he leído consecutivamente tres obras escritas en los años sesenta-setenta que tienen en común la violencia, las adicciones, los personajes derrotados, autores americanos autodidactos, más o menos coetáneos, y que me han entusiasmado.

    Buenos propósitos que acaban con la asunción de la condición de marginado y delincuente; pedazos de redirección truncados por el mal augurio; ambientes sucios, pegajosos; ansias y descontrol; recursos sexuales como única forma de apaciguamiento; una cierta esperanza de amar que se aguanta por los pelos; lenguaje apoltronado en un suelo del que no se mueve. Podría seguir poniendo puntos y coma, pero sólo quiero indicar por qué me han conmovido tantísimo estas historias de vidas devastadas, ¡la explicación completa está en el interior de las mismas obras!

     


  • Cerca de Julien Gracq

    Marta

    He vuelto a leer El mar de las Sirtes de Julien Gracq, y me sigue fascinando. El joven aristócrata Aldo, cansado de pasar el tiempo de fiesta en fiesta con sus amigos, decide utilizar sus contactos para pedir un destino que le permita servir al Estado. Así es como termina en una guarnición fronteriza situada en un rincón de Orsenna (una mezcla entre Venecia y Nantes) donde todo se mantiene a la espera del ejército enemigo, belicoso y brutal, que se demora y sólo da mínimas señales de vida. Terrible invasor que parece no presentarse, para la desesperación del ejército rival. Aldo deberá convivir con los tres oficiales y su capitán, Marino, contrapunto y réplica como coprotagonista. Ambos, empujados por el peso del aburrimiento y el curso de los días, siempre nebulosos, convertirán una posible amistad en una relación de estrecha vigilancia mutua. 

    Novela de atmósfera pegajosa, asfixiante, inquietante, como la zona fronteriza que atraviesa: baldía, fúnebre, ruinosa, devastada por la dejadez de sus habitantes, reflejo del tedio de esperar que suceda algo que ya no sabes exactamente que será.
    Sensación de irrealidad conseguida por la maestría de Gracq que nos describe minuciosamente y con todo detalle el paisaje, los fenómenos sensoriales, el clima, la geografía, la arquitectura del entorno, pero en cambio del aspecto de los personajes, de su carácter y de su psicología casi no nos dice nada. Unas figuras de ensueño, que se mueven en un duermevela, guiados por el instinto más que por la racionalidad. Esto no hace más que remarcar el intenso ambiente zúrrela que palpita en toda la obra.
    Lectura que requiere esfuerzo y dedicación, compensados bastamente por la exquisitez de la prosa y la reflexión metafórica latente.
    Antes Buzzati con El desierto de los Tártaros; y luego Coetzee con Esperando a los bárbaros.


    El mar de las Sirtes de Julien Gracq
     


  • Traven, un tesoro

    Marta

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    Junto al Barco de la muerte, El tesoro de Sierra Madre es la obra más conocida del misterioso Bruno Traven. Autor de origen alemán nacido a principios del siglo XX, que parece que vivió y murió en México hacia finales de los sesenta.

    La obra que he elegido hoy es, en una primera lectura, una novela de aventuras: situada a mediados de los años 20, dos pardillos que malviven en campos petrolíferos de la frontera del norte de México, guiados por un barco minero, deciden ir a buscar oro en las montañas de Sierra Madre. Durante ocho meses exploran el terreno, montan el campamento, trabajan en una mina sacando pequeñas pero incitadoras cantidades de oro, hasta que conformados, quieren volver a la civilización. El autor nos muestra la evolución de la relación entre los tres personajes y de la personalidad de cada uno de ellos, en estas condiciones extremas de duro trabajo, las ansias de riqueza, la vida desolada en una tierra de rigor desmesurado. Primero se toleran, luego se odian, en un momento dado incluso parecen hacerse amigos, para finalmente dejarse llevar por la codicia más violenta. En las últimas páginas, sin embargo, parece que las ironías de la vida terminan por reencontrar la dignidad de los hombres.

    Pero la novela es mucho más que aventuras: es la postura políticamente reivindicativa de la humildad y la vida sensata, la denuncia de los engaños y de las estafas más poderosas, de las malas artes de toda clase de poder, sea político o religioso. Una especie de postura ácrata ante la opresión del combate subterráneo de los más desfavorecidos. En los momentos más intensos, intercala relatos de tradición oral como ejemplos de lo que acabará pasando más adelante. Una denuncia de la injusticia con conmovedoras reflexiones sobre la misma. En conjunto, Traven nos lo presenta con una prosa directa y sencilla, pero de una gran sensibilidad antropológica, social y también moral.

    Todo aquel que tenga espíritu aventurero puede hacer el viaje por la ruta del Tesoro de Sierra Madre, hay un trenecito magnífico que realiza todo el trayecto.
    Fue, además, la segunda película de John Huston con un Bogart de cínico total.



     


  • De una mafia a otras

    Antonio Ramírez

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    Una grata sorpresa, el libro publicado por Capitán Swing, Los orígenes de la Mafia.  Se trata de una composición ideada por el editor que reúne varios textos de procedencia diversa pero que confluyen ofreciéndonos una mirada particularmente interesante sobre la mafia ?arcaica?; es decir, la mafia circunscrita al ámbito rural y centrada en pequeños negocios locales, antes de las grandes alianzas con el Estado y el Vaticano, de dedicarse al expolio del presupuesto público y al tráfico de drogas, antes también de los generalización de los estereotipos cinematográficos. 


  • Pizarnik o la muchacha que vuelve a escalar el viento

    Laia Quílez

    Lo primero que leí de Alejandra Pizarnik, no hace demasiado y abriendo al azar la edición en la que Lumen editó su prosa completa, me dejó completamente aturdida, por un lado por la imposibilidad de concretar mi propio aturdimiento; por otro, por esa vaga emanación, casi viscosa, que diría Sarraute, que desprendían sus palabras y que también encontré cuando por vez primera leía (en aquel caso a Cortázar), no con placer sino con goce, a la manera como Roland Barthes definió esta última manera de vivir un texto. Ese primer acercamiento a la prosa de Pizarnik, y más tarde también a su poesía, lejos de aplacar mi sed lectora, la desconcertó por completo, al tiempo que resquebrajó sin piedad la consistencia de mis gustos y mi relación con el lenguaje. De hecho, lo que sucedió en aquel momento sucedió en la palabra misma, mucho más que en la historia que aquélla me enunciaba.

    Hablando exaltadamente. Mientiendo exaltadamudamente. Mentando mentiras, susurraba para sí y a mí Pizarnik, en una especie de glíglico en el que ahora jugaba ella sola. Más tarde, leyendo el estudio que César Aira le dedicó hace algunos años, descubrí que lo enigmático que me fascinó de su prosa y poesía se debía no sólo a ese sujeto inquietante (esa ?niña huérfana? que va creciendo en cada línea), sino a la misma forma en que aquél se presentaba: el fragmento. Ese, por ejemplo, un agujero en la noche/ súbitamente invadido por un ángel y los tantos otros agujeros que pueblan toda su obra, se me presentaban como gritos a una realidad que no puede abarcarse, y que, por lo tanto, tampoco puede decirse.

    Esta experiencia de la discontinuidad, adquiere en Pizarnik la forma de una especie de collage surrealista, en el que cada fragmento ostenta por sí mismo una visualidad casi ontológica. Como apunta Aira, lo fragmentario es pues, para Pizarnik, también austeridad y despojamiento, ?islas de sentido?, como diría Blanchot, por las que la muchacha vuelve a escalar el viento. Por otro lado, tomando la manera en que Blanchot entiende el fragmento, esto es, como un pedazo de meteoro, que se desprendió de un cielo desconocido, que es imposible vincular con nada que pueda conocerse, este aerolito estelar, pese a ser un proyectarse desesperado de la materia verbal, es al mismo tiempo el centro infinito a partir del cual nace y muere el único diálogo posible: aquél que al tiempo de liberarse, naufraga.

    Y es que la patria que Pizarnik cree entrever en el mismo acto de erigir su obra, en esa especie de montaje de fotogramas poéticos, se le vuelve finalmente intangible y, por ello, inhabitable. La palabra que hubiera podido salvarla la apunta ahora de frente y, con un solo disparo, la hace caer del viento. Calcinada por un sueño implacable que ya no puede compartir ni tan sólo con su silencio, la princesa ha perdido su reino y, hundida su isla, ya no le queda nada más que ir hasta el fondo.


  • Las deformidades más literarias

    Marta

    Aquí no pretendo descubrir ninguna tradición, sólo quiero encontrar compañía para los personajes deformes que en épocas diversas han protagonizado textos literarios. Es probable que a menudo el delirio y siempre la soledad sean su vínculo.


  • Llegan unos cuantos libros libertinos

    Marta

    Coincide la publicación de unos cuantos libros con libertinos que se alegran la vida. Y como precursor, un texto medieval catalán animado por el erotismo.


  • Lecturas de finales de enero

    Marta

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    Ahora que ha terminado el primer mes del 2010, hago un repaso de los libros que he leído últimamente. Destaca al nuevo libro de Kirmen Uribe, la dureza del Stark de Bunker, el bisturí antibelicista de Nada a la vista, la perla onírica de la ahora reeditada La niña verde, la renovada Espiral de Baixauli o las turbulencias emocionales de Maleeixo el riu del temps. Pero por encima de todo tengo que mencionar a dos de los que no fallan: la nueva edición de Vértigo de Sebald, y El Tercer Reich del extrañado Bolaño. Por mucho que ambas sean obras primerizas, apuntan hacia el inmenso talento que les hará reinar en la literatura a pesar de su prematura muerte.