Diario de lectura
Blog de La Central

Notas y reflexiones de nuestros libreros sobre lecturas, reediciones, novedades, proyectos editoriales y otros acontecimientos relacionados con el mundo del libro y las humanidades


  • FrICCIONES, de Pablo Martín

    Laia Quílez

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    Érase una vez un joven nacido hace 34 años en algún lugar cerca de Reus, que se pasó la secundaria tomando apuntes con lápiz mientras coleccionaba todo lo coleccionado y por coleccionar: cajas de cerillas, cubos de rubik, ceniceros, lámparas de noche, libros; que estudió Arte Dramático, Teoría de la Literatura y, de paso, Literatura Comparada; que investigó desde Lille sobre el Oulipo y sobre el hipertexto, mientras soñaba con cuentos que sí había escrito y esbozaba novelas patafísicas y totales; y que un día, no hace mucho, publicó, en la pequeña pero prestigiosa editorial e.d.a., su primer libro, FrICCIONES, un compendio de relatos metaliterarios, polifónicos, autofictivos, laberínticos e hipertextuales que, lo pongo en negrita porque este editor de textos no tiene la opción de subrayado, no tienen desperdicio.


  • O les belles, les sublimes ruines!

    Piccolomini

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    Hubo un tiempo en el que los estetas, artistas y literatos celebraban unánimemente la ruina como el más humano de los parajes naturales o el más natural de los legados del hombre. La ruina, ya salvaje, ya amansada, osario del esplendor antiguo, predilección de curiosos, ansia de los males de siglo, gozó de una feliz fortuna artística y literaria. A los que no disponen de tiempo y hacen de la necesidad una virtud supracardinal, pragmática, el libro de Michel Makarius, Ruines. Représentations dans l'art de la Renaissance à nos jours, recientmente reeditado por Flammarion, les parecerá un tesoro de contento.


  • Un poco de azul en el paisaje

    Joan Flores Constans

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    Un poco de azul en el paisaje. Pierre Bergounuioux, Editorial Minúscula. Traducción de David Stacey

    Hay escritores cuya producción literaria descansa más en lo que antiguamente, antes de los excesos sectarios de la crítica de la segunda mitad del siglo XX, se llamaba "forma" que en el "fondo"; es decir, más en la manera en que se articula su discurso que en el contenido de aquello que se cuenta. Brive-la-Gaillarde, y por extensión el departamento de la Corrèze, en la región francesa del Limousin, es el microcosmos geográfico donde Pierre Bergounioux sitúa gran parte de su producción narrativa, confiriéndole no sólo el estatuto de lugar sino incluso en el protagonista.

    Un poco de azul en el paisaje  (Un peu de bleu dans le paysage, 2001) es un retablo compuesto por ocho cuadros, más sugerentes, característica intrínseca de la obra del francés, que exhaustivos, en los que Bergounioux explora el territorio geográfico de la Corrèze a través de lo que la memoria ha impreso en cada lugar y la forma en que su recuerdo lleva al origen.

    Se puede viajar al pasado subiéndose al carro de la nostalgia, pero no solamente la del alma sino también la del paisaje que nos hizo tal como somos mediante un lento pero irreductible proceso de modelaje, precisamente porque ese territorio físico era tal como era y nos imprimió un carácter cuyos rasgos nos acompañarán para siempre.

    "La infancia es un misterio, y doblemente cuando en universo que uno descubre es aquel agrario, cerrado, milenario, que ha subsistido al margen del movimiento, del intercambio, de la modernidad hasta la mitad de este siglo y un poco más, a veces, según el lugar."

    La crueldad de la tierra y la precariedad de la existencia no dejan lugar a las expansiones emocionales ni a los sentimientos:

    "Me parece que mi alma, o lo que hace las veces de ella, si se me permitiera examinarla fuera, en el suelo, sobre una mesa de cocina, se parecería en más pequeño, en mucho menos extenso, consistente, duradero, a la depresión de basta arenisca, marrón ocre o blanco sucio, de una media legua de diámetro, donde fue arrojada para empezar."


    El pasado irrecuperable sería pues, según Bergounioux, un territorio vedado, sólo abre sus puertas a la memoria y únicamente se puede experimentar en los sueños.

    ¿Dónde se halla pues ese pasado? En diversos aunque concretos lugares de la geografía física, pero también en la configuración moral del individuo, cuya composición nos revela esa arqueología del espíritu que es la escritura: en la infancia, el período de descubrimiento y exploración de los parajes recónditos, cuya magnitud sobrepasa las fronteras de la comprensión; en los territorios aislados con sus habitantes endémicos, resultado de incontables endogamias fruto del aislamiento; en el paso de la concepción del tiempo como magnitud inamovible e inmensurable a inquieta corriente que se cobra sus víctimas; en el descubrimiento del otro en esos emigrantes expulsados de su lugar de origen por conflictos cuya distancia los hace legendarios; en los amigos de la adolescencia con quienes compartir

    "... la idea de que el universo era un hemisferio hueco, achatado, ocre y granuloso de un kilómetro aproximadamente de radio, cuya circunferencia agotaba toda expectativa, sustancia y posibilidad";

    en las primeras transgresiones que supone llevar a cabo esas conductas que se creía exclusivamente reservadas a los adultos; y en la pasión que representan las necrópolis sobre las que se asientan los cimientos de las casonas desoladas, testimonios de tiempos más gloriosos.

    "Sólo se es una vez. No se cambia fácilmente el carácter. Hay un privilegio del origen, un sortilegio, también. La fe nueva, intacta, que uno trae al nacer confiere a las primeras cosas un definitivo ascendente. Ya podrán, más adelante, componer otros rostros, sólo uno tendrá nuestra aprobación: el que les vimos cuando llegamos."

    ¿Posibles vías de escape? Pocas, porque ni el empeño ni la voluntad pueden borrar las huellas del tiempo, pero siempre queda la lectura, que nos duplica en dos seres separados, el que experimenta con la vida y el que se recrea en lo que lee:

    "Un libro de verdad afecta en mayor o menor grado a lo que pensamos y, por lo tanto, a lo que somos. Cambia, en cierta medida, el mundo que consiste, en parte, en la idea que tenemos de él, ya lo adorne y agrande, ya consuma su ruina [...]. No conozco libro, cuando ha importado, que no haya hecho temblar el suelo de la existencia, dislocado la visión pobre, burda, que yo tomaba, antes de que la quebrantara, por la realidad."

    Uno de los grandes escritores europeos disimulado por un aparentemente sencillo envoltorio, Pierre Bergounioux. No se lo pierdan. Por favor.