Diario de lectura
Blog de La Central

  • La subversión del lenguaje

    Irma Amado

    El lenguaje designa y connota, pero también hace y desvela. Desvela en el sentido literal de el término: "quitando el velo" -que diría Cocteau- para sorprendernos de nuevo ante lo vulgar, lo cotidiano, a través de un proceso casi mágico que devuelve a las cosas su sentido originario, primigenio: he aquí la figura del poeta como demiurgo.

     

    Por otra parte, hacemos cosas con palabras que trascienden la enunciación inocente. De esto saben mucho los políticos (o más bien quienes escriben sus discursos) y los publicistas. A menudo pienso que en el caso de los periodistas este hacer es menos consciente: han heredado por "escuela" ese lenguaje acartonado con el que además de ahorrar espacio, creen ser objetivos y sintéticos: son los valores de un mercado, el de la información, empobrecido lingüísticamente y que ejerce la violencia (lingüística) de manera sistemática. Al lado de los grandes grupos de comunicación que se reparten el pastel informativo, "la gente de la calle" (¿contribuyo yo también a este acartonamiento lingüístico al utilizar esta expresión que no se sabe muy bien qué quiere decir?), a través de las llamadas "redes sociales" y otros espacios virtuales procura ganar o recuperar su espacio público. En un artículo reciente publicado en El País Vila-Matas se hacía eco de las opiniones de Tony Judt acerca de una tendencia de la pobreza lingüística (y en consecuencia pobreza expositiva, de pensamiento, de análisis) propiciada en parte por las dinámicas de la comunicación interpersonal vía Internet. La rapidez y la inmediatez que determinan estas formas de comunicación cotidianas no han de ser óbice para un uso ético del lenguaje. Ahora más que nunca debemos volver al ágora clásico, a la plaza como lugar de discusión pública, sin reproducir los mecanismos de dominación y la ideología del mercado, de las grandes empresas, de los que nos dirigen, recuperando lo que hay de subversivo en el lenguaje.