Diario de lectura
Blog de La Central

  • Las grandes familias III

    Joan Flores Constans

    Traducción de Amparo Albajar
     

    Cita en los infiernos es el tercer volumen que, tras Las grandes familias  y La caída de los cuerpos, concluye la trilogía de Maurice Druon.

    Pocos individuos quedan al margen del alud del tiempo, que arrastra por igual a los potentados que a los desposeídos. Algunas de las que logran sobrevivir a la vorágine generacional, junto a las personas de más baja extracción, que no tienen ningún motivo para perdurar, y los que detentas cierta clase de poder acorde con los tiempos, insensible a las veleidades de la inmediatez, son las amantes, que consiguen la permanencia simplemente cambiando de favorito.

    "Es el relevo, amigo mío [...]. Esos muchachos aprenden de nuestras amantes lo que ellas aprendieron en nuestras camas. Así es como se transmite la ciencia del amor desde la noche de los tiempos. Algún día ellos enseñarán a mujeres que ni siquiera han nacido caricias que creíamos haber inventado nosotros. Y nosotros ya estaremos disueltos en la tierra...".

    Esas amantes, apenas adolescentes, que fueron poco más que damas de compañía para unos abuelos que debían limitarse a observar su insultante juventud, se convirtieron en compañeras sexuales, en su plenitud, de la generación de los padres, y ahora, con más edad de la que aparentan, y conscientes de sus desventajas ante la explosión de belleza de sus rivales más jóvenes, juegan con los nietos y, con la sabiduría y las experiencia acumuladas y cuando en verdadero atractivo hace años que las ha abandonado, se limitan a iniciarles " en la perversión".

    Esos nietos crecen, se hacen adultos, y la versión del mundo que les habían explicado sus mayores, los últimos de los cuales van desapareciendo llevándose consigo su concepción de la existencia, se desvanece entre el ruido de los automóviles y el de los tambores de guerra que, nuevamente, retumban en la vieja y cansada Europa.

    "Usted y yo nos parecemos a esos [...] arroyos de agua vieja que arrastran los detritus de los siglos y del mundo, y que serpentean entre el polvo sin mezclarse siquiera con él, que dibujan su pequeña geografía estéril y que van a terminar no se sabe dónde, sin utilidad para nadie. [...] Frutos averiados de una civilización decadente."

    La pendiente que conduce a la degradación es insoslayable; no es tan solo que sea imposible seguir descendiendo; perdida la fortuna, el siguiente paso es pisotear el honor. La salvación es imposible porque se ha avanzado demasiado en el camino de la perdición, porque a veces el pecado no puede redimirse, porque hay ocasiones en las que es imposible rogar por una segunda oportunidad.