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FF

Sohn Rethel, Alfred

Trabajo manual y trabajo intelectual,

  • Editorial: Dado Ediciones
  • Páginas: 333
  • Año: 2017
  • Precio: 17.00 €
  • Traductor: Mario Domínguez Sánchez
  • EAN: 9788494507267
Disponibilidad
  • La Central de CallaoInmediata
  • La Central del Museo Reina SofíaInmediata
  • La Central del RavalInmediata
  • La Central (c/Mallorca)Inmediata
  • La Central del MUHBA4 / 5 días

¿Cuál es la teoría que Sohn-Rethel, compañero de viaje de Theodor W. Adorno y la “Teoría Crítica”, ha elaborado con notable perseverancia durante casi setenta años? Se trata esencialmente de una de las grandes cuestiones de la filosofía: ¿cuál es el origen de las formas de conciencia, de estos “moldes” que permiten a cada individuo organizar los múltiples datos proporcionados por la percepción sensible; formas de las cuales las más importantes son el tiempo, el espacio y la causalidad? La posibilidad de organizar el caos de las impresiones espontáneas en un todo sensible debe, por supuesto, preceder a estas impresiones y no puede derivarse de ellas. Este era el problema “clásico” de la filosofía, al menos entre Descartes y Kant. Se han dado dos respuestas principales que dominan la reflexión filosófica hasta el presente: o bien estas categorías son ellas mismas de origen empírico, resultado de la constancia de la experiencia, pero sin validez absoluta y sin la posibilidad de deducir de ellas juicios a priori que cada uno debe admitir sin recurrir a la experiencia. La otra insiste en que se presupone una estructura ontológica, prácticamente innata, del ser humano que en todo tiempo y en todo lugar organiza de la misma manera y a priori un material que es incognoscible como tal. Ahora bien, Sohn-Rethel propone una tercera posibilidad: el origen de las formas de conciencia (y conocimiento) no es ni empírico ni ontológico, sino histórico. Las formas de pensamiento, esos “moldes” en los cuales los datos particulares han de ser emitidos, no derivan del pensamiento mismo, sino de la acción humana. No de la acción como tal, una categoría que ella misma resulta filosófica y abstracta, sino de la acción histórica y concreta del ser humano. Lo más interesante de la obra de Sohn-Rethel reside en aquellos aspectos de su teoría centrados en el análisis de la ciencia y la tecnología. Comienza con la intención de demostrar que las formas categóricas originadas en una sociedad basada en la división clasista, donde el conocimiento de la naturaleza adopta la forma de una actividad mental pura, dirigida por la clase dominante independiente de la producción manual y por tanto derivada de otras fuentes que no sean las del trabajo manual. La tesis, propuesta incluso por marxistas, de que la tecnología científico-natural está exenta de valores y por tanto es neutral, sólo se puede sostener si se asume el punto de vista ahistórico de esta ciencia. Así pues, si esta ciencia se percibe “en sí misma” (ajena al proceso histórico en el cual se ha construido, y abstrayéndose del hecho de que su admirada dominación de la naturaleza estuvo siempre mediatizada a través de la “dominación del hombre por el hombre”), entonces es fácil pasar por alto su naturaleza de clase. El hecho de que las categorías de la ciencia natural sólo desplieguen su naturaleza opresiva bajo condiciones de socialización capitalista, no niega su carácter inherentemente manipulador y dictatorial. No fue una anexión que realizó el capital, el cual antes que nada transformó esta ciencia en un instrumento de dominación y valorización, la ciencia ya poseía estas características –al menos en potencia– antes de su aplicación por parte del capital. Y por esta razón es más justificado designar a esta ciencia por su carácter anticipatorio de la lógica de la dominación capitalista. “¿Cómo se puede desenmarañar la complicada red de relaciones entre el ser humano y la máquina, entre la sociedad y la ciencia, que ahora amenaza con estrangularle? Esta obra intenta hacer justamente eso. Pero al hacerlo ha de lidiar necesariamente con problemas de una abstracción exasperante, debe indagar en áreas de una complejidad tan inusitada que a lo mejor es demasiado fácil perderse en los aspectos cruciales que llevan a este libro a una posición privilegiada. Digo “necesariamente” porque es justo la abstracción y la complejidad con las que el núcleo del cinismo se ha atrincherado en sus raíces históricas, de modo tal que nos ofusca respecto al modo general de perversión que sigue la tecnología hoy en día. Toda la transacción, en tanto que tal, se ha perpetrado a nuestras espaldas y las de nuestros antepasados. Así pues, las dificultades del libro no son meros adornos; son dificultades inherentemente esenciales para alcanzar un verdadero y convincente análisis, en términos histórico-materialistas, de la escisión entre mente y mano así como de la emergencia del pensamiento abstracto. El desarrollo de la ciencia moderna y la tecnología tiene que ver con estos fenómenos y hasta que sus secretos históricos se descifren ante nuestros ojos, la tecnología continúa tratándonos sin consideración alguna”

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