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Recorridos

Auschwitz y los campos de la muerte

No nos saludaban, no sonreían

Han pasado más de sesenta años. Palabras de Primo Levi: "No nos saludaban, no sonreían; parecían oprimidos, más aún que por la compasión, por una timidez confusa que les sellaba la boca y les clavaba la mirada sobre aquel espectáculo funesto. Era la misma vergüenza que conocíamos tan bien, la que nos invadía después de las selecciones, y cada vez que teníamos que asistir o soportar un ultraje: la vergüenza que los alemanes no conocían, la que siente el justo ante la culpa cometida por otro, que le pesa por su misma existencia, porque ha sido introducida irrevocablemente en el mundo de las cosas que existen, y porque su buena voluntad ha sido nula o insuficiente, y no ha sido capaz de contrarrestarla". Como los cuatro soldados rusos que se detienen a una distancia prudencial ante las alambradas, contemplamos el horror que se extiende ante nuestros ojos, aunque tengamos el antídoto de sesenta años de distancia transformados en una bibliografía tan inabarcable como el horror descrito en sus líneas. No saludamos, no reímos, aunque si leemos. Algo es algo. Sobre todo con la distancia de una celebración que sólo pretendemos que sea bibliográfica. No hay que pasar al interior del campo de la muerte, sólo pasar sus páginas.
jpescrig@lacentral.com

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