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Recorridos

Trieste y el Carso triestino

Una literatura que difumina fronteras y engulle lenguas, carácteres, identidades, melancolías...

Una literatura con la que nos adentramos en un paisaje geográficamente pequeño, pero configurado a a partir de un intenso devenir histórico y una profunda variedad cultural. No se cuántos, pero me parece que somos bastentes los que hemos descubierto Trieste de la mano de Claudio Magris. Viajar a Trieste, entrar en el Café San Marco y ver la profesor Magris sentado junto a la mesa del fondo anotando algo en unos papeles es de esos momentos en que un montón de lecturas, conversaciones y recorridos quedan encajados en nuestra memoria lectora. Y el inevitable Carso, vigilante, con la aparente rotundidad de su masa calcárea que esconde un sinfín de recovecos en los que dormitan crímenes, amores, frescos de antiguas ermitas, paseos familiares, labores agrícolas, hierba, bosque y sotobosque. Y el mar y el viento, la verde agua y el bora que nutren y aturden con su vaivén tanto las tierras de Oriente como las de Europa. Y la política, y las tertulias de café y el idiomas-los idiomas. Todo esto y el algo más personal de cada autor late en cada obra forjada en la geografia triestina.

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