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Recorridos

Henrik Ibsen

"Un escéptico con tendencia al enigma" Knut Hamsun

Skien, 1828 - Cristianía (Oslo), 1906

Después de una primera etapa teatral en Noruega -trabajó como dramaturgo y director escénico en el Teatro Nacional de Bergen (1851-1857) y se hizo cargo de la dirección artística del Teatro Noruego de Cristianía (1857-1862)-, Henrik Ibsen, el mayor dramaturgo nórdico de todos los tiempos, eligió no vivir el ambiente luterano y conservador de su país y en 1864 inició un exilio voluntario de 27 años por Italia y Alemania. Fue entonces cuando escribió el grueso de sus obras: Brand (1866), la imaginativa Peer Gynt (1867), un estudio sobre la identidad y la subjetividad moderna en miniatura; la Casa de muñecas (1879) que cuestiona el modelo de familia y de las sociedades dominantes y que forcejea con la verdad y la mentira; el tormento fisiológico y espiritual que escenifica Espectros (1881); la soledad fenomenológica del que se enfrenta a su sociedad en Un enemigo del pueblo (1883); El pato silvestre (1894), en la que seguía ahondando en esa búsqueda de la verdad o Hedda Gabler (1891), el abismo del alma femenina como metonimia de las constricciones burguesas modernas. Solness, el constructor (1892), que ahonda también en esta atormentada exploración del alma que define la dramaturiga ibseniana. Regresó a Noruega a los 63 años y falleció siendo enterrado con honores de jefe de Estado.

Sus obras no han perdido vigencia y es uno de los autores más representados en la actualidad. De hecho, transcurridos más de cien años desde su muerte, Ibsen es, después de Shakespeare, el autor más representado en el mundo. El sueco Strindberg o el ruso Chéjov bebieron de su teatro. La mujer, la ley, la fidelidad, la verdad, los códigos de comportamiento... El reverso sombrío del alma humana en una sociedad como la burguesa, llena de manierismo y pose, fue lo que Ibsen describió con municosidad a través de sus personajes. No en vano, otro dramaturgo nórdico de hondo calado, el enloquecido Strindberg, escribiría también una serie de obras en las que, una vez más, la mentira y la verdad -la teatral y la no teatral- se superponían en el texto y en el escenario, por lo tanto, de un modo vertiginosamente contemporáneo.

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